UNAS REFLEXIONES DE LA SEMANA SANTA 2023

Normalmente dedico los días de Semana Santa al mayor recogimiento posible, y a leer los temas del Evangelio y la Biblia que más me interesan en ese momento, Es una forma de meditación/reflexión que me ayuda a crecer espiritualmente.

Ya me preparo con este libro del Papa Benedicto XVI, que sin dudas fue un teólogo de gran calibre, y quizás el más y mejor estudioso de la vida de JESÚS de Nazaret. Ya desde hace algún tiempo hago retiros espirituales sobre el tema e incluso fui a Múnich en 2015 a un Seminario sobre el tema, en la Universidad donde aún conservan el despacho que ocupó de Catedrático el Dr. Joseph Ratzinger. Me leí, la versión anterior de este libro, y ahora compré la EDICIÓN COMPLETA de Editrice Vaticana (2018). Uniré lo que seleccione y lea de este libro, a lo que atesoro de la búsqueda teológica sobre el JESÚS DE LA HISTORIA.

Me he concentrado en el Capítulo 9 del libro: “Dos hitos importantes en el camino de Jesús: La Confesión de Pedro y la Transfiguración” y en este orden lo seguiré.

La confesión de Pedro.

En los tres evangelios sinópticos aparece como un hito importante en el camino de Jesús, su pregunta a los discípulos: ¿Qué piensa la gente de mi y que pensáis vosotros?[1] En esos tres Evangelios, Pedro responde en nombre de los Doce con una confesión que se distingue claramente de la opinión de la “gente”. En los tres evangelios Jesús anuncia su pasión y resurrección, y una enseñanza sobre el camino a seguir, que consiste en seguirle a él, el Crucificado. Los tres evangelios muestran una interpretación clara de ese seguimiento de la cruz, como el camino, necesario para el hombre, del perderse a si mismo, sin el cual no le es posible al hombre encontrarse[2].

En los tres Evangelios, se relata la transfiguración de Jesús, a la que dedicamos la segunda parte de estas REFLEXIONES.

Mateo es el único de los evangelista que después de la confesión de Pedro, habla de la concesión a este del poder de las llaves – el poder de atar y desatar -, ligado a la promesa de que, sobre él, Pedro, como sobre una piedra, Jesús edificará su Iglesia[3]. Hay otras referencias en los evangelios de Lucas y de Juan, especialmente cuando en Jn 6,68 da al círculo de los Doce su peso y su rostro peculiares.

Desde luego que la confesión de Pedro sólo se puede entender en el contexto del anuncio de la pasión y las palabras sobre el seguimiento: estos tres elementos – la palabra de Pedro y la doble respuesta de Jesús – son solidarios e inseparables, dice Ratzinger, del mismo modo que, en la escena de la transfiguración, la confirmación por parte del Padre y por medio de la ley y los profetas es imprescindible para la comprensión. Jesús reconoce en Simón, este nuevo nombre Pedro, que en la lengua de Jesús suena “Kefa”, una palabra que significa “roca”, que Jesús le da por su fe genuina y firme.[4]

En mis mas profundos sentimientos se agolpan diversas narraciones y lecturas, conceptos y criterios, sobre estos hechos, mezclas de relatos históricos, tradiciones y leyendas, que fuera de dogmas o credos impuestos, no se engarzan con la base científica del JESUS DE LA HISTORIA, que le sitúan como un personaje histórico indiscutible, que nació, vivió y murió como judío. Vivió en Galilea en el siglo I, hijo de un carpintero, José y María, que fue un rabino, que, aunque crítico con la religión de sus padres, aportando propuestas innovadoras (nunca pagó el diezmo, no respetaba el sábado, no cumplía con ninguna purificación, hablaba a solas con las mujeres)[5]. Incomodó al judaísmo tradicional, a las autoridades del imperio romano, que hizo que Poncio Pilatos, gobernador de Judea, se aliara con las autoridades judías y Jesús acabara torturado y crucificado. Jesús, esencia del amor, divulgó una ética humanista, que pregonaba la igualdad entre todos los seres humanos, y los llamaba a luchar por un mundo donde todos tuvieran cabida en las condiciones de igualdad nunca antes conocidas, independiente de su condición social, linaje, o sexo. Nunca instigó a sus seguidores a que abandonasen su religión, sino mas bien que la enriquecieran en misericordia, la justicia, la igualdad y el amor al prójimo.

La Transfiguración.

Jesús y tres de sus apóstoles, Simón (Pedro), Santiago y Juan se dirigen a una montaña (Monte Tabor o Monte de la Transfiguración)[1] a orar. En la montaña, Jesús empieza a brillar con rayos brillantes de luz, generalmente llamada «luz tabórica». Entonces los profetas Moisés y Elías aparecen al lado de él y habla con ellos. Esta narrado en los tres evangelios, de Lucas, Mateo y Marcos.

La transfiguración es uno de los cinco hitos principales en la narrativa del evangelio de la vida de Jesús, junto a su bautismo, crucifixión, resurrección y ascensión. En el Monte Tabor, lugar donde se produjo el hecho, los franciscanos han erigido una Basílica[2] construida sobre las ruinas de una antigua iglesia bizantina (siglo IV-VI) y una iglesia del siglo XII de la época de las Cruzadas y también hay una iglesia ortodoxa griega dedicada a la misma finalidad.

En el relato de la transfiguración, Mc 9,7, dice: “Se formo una nube que los cubrió y salió una voz de la nube: “Este es mi Hijo, el amado; escuchadlo”. Se hace evidente la relación con la subida de Moisés al Sinaí, que constituye el trasfondo del relato de la transfiguración. Moisés había recibido en la montaña la Torá, la palabra con la que Dios nos enseña. Ahora se nos dice sobre Jesús: “escuchadlo”.  Los evangelios nos los dicen de una forma clara y potente: Jesus es la Torá misma[3]. Los tres evangelistas ven en la montaña la gloria del reino de Dios que resplandece en Jesús. En la montaña, la nube santa de Dios los cubre.

Mucho queda por estudiar y analizar, indagar sobre los vínculos indiscutibles entre la transfiguración y la Fiesta de la Tiendas judías, y el sentido mesiánico de esta fiesta en el judaísmo de tiempo de Jesus.  O como en el Prologo de Juan, el evangelista resume el misterio de Jesus: “Y el verbo se hizo carne y acampo entre nosotros” (Jn 1,14).

Jorge A. Capote Abreu – Santander, 14 de abril de 2023

[1] El monte Tabor está localizado en la Baja Galilea, al este del Valle de Jezreel, 17 kilómetros al oeste del Mar de Galilea. Su altura es de 575 msnm. y se eleva a 400 m con respecto a su entorno. Su cumbre se destaca desde lejos. Se lo conoce también con el nombre de Yabel at-Tur y el Monte de la Transfiguración.

[2] Ya para los primeros peregrinos cristianos el Monte Tabor es el lugar donde se sitúa el episodio de la transfiguración de Cristo que narran los Evangelios, y donde actualmente se encuentra la Basílica de la Transfiguración. Aunque no se menciona directamente el nombre del monte, parece que se trata precisamente del Tabor, que se distingue claramente de las demás cimas de Galilea y está situado a 450 metros por encima de la llanura, es decir, a 588 metros sobre el nivel del mar. El monte se encuentra al este de Nazaret, de la que dista solo 8 km en línea recta.

[3] Gese, Zur biblischen Theologie, p.81

[1] Mc 8,27-30; Mt 16, 13-20 y Lc 9, 18-21- Sagrada Escritura en el portal del Vaticano: https://www.vatican.va/archive/ESL0506/_INDEX.HTM

[2] Mc 8,31-9,1; Mt 16,21-28; Lc 9,22-27.

[3] Se encuentran paralelamente el encargo y de esta promesa en Lc 22,31 en el contexto de la Ultima Cena y en Jn 21, 15-19 tras la resurrección.

[4] De las palabras del Papa Francisco en el Ángelus del domingo, 24 de agosto 2014.

[5]Jesus de Nazaret no fundo el cristianismo (ni ninguna otra religión)” – Público, articulo de Alberto Soler Montagud – 16.9.2021.

[6] El monte Tabor está localizado en la Baja Galilea, al este del Valle de Jezreel, 17 kilómetros al oeste del Mar de Galilea. Su altura es de 575 msnm. y se eleva a 400 m con respecto a su entorno. Su cumbre se destaca desde lejos. Se lo conoce también con el nombre de Yabel at-Tur y el Monte de la Transfiguración.