Sean severos con mis hijos…

TESTAMENTO DE SOCRATES

Leer la multitud de artículos y escritos sobre el “Testamento de Sócrates[1], nos invita a reflexionar, en especial en los finales de un año y a las puertas de empezar otro, que esperamos este lleno de esperanzas de PAZ, cosa casi milagrosa por lograr. Nuestros pensamientos, nuestras oraciones y todo nuestro actuar están encaminados en ese objetivo, pero parece que no es fácil hacerse comprender con esas reflexiones, meditaciones u opiniones.

Aprovecho estas jornadas del fin de este año 2023, muestra evidente de convulsiones económicas, sociales y tristemente de conflictos armados, todos: crueles muestras de destrucción y muertes, por las prepotencias, codicias o avaricias hegemónicas de unos y la abulia y apatía de muchos, que condescendientemente permiten que prevalezcan las voces del Imperio y su poderosa fortaleza militar, llevándonos a TODOS al borde de una conflagración nuclear mundial. Tomo como base de estas reflexiones, el conocido como “Testamento de Sócrates” – una valiente reivindicación de toda su vida -, que expuso al ser acusado por sus rivales de ser un curioso que preguntaba de todo y de corromper a los jóvenes porque se aprovechaba de sus palabras convincentes para adquirir cierto poder. Sócrates explicó con sinceridad los motivos que lo llevaban a proceder así y según diferentes fuentes en resumen[2], decía:

Jamás, mientras viva, dejaré de filosofar, de exhortarles a ustedes y de instruir a todo el que encuentre, diciéndole según mi modo habitual: querido amigo, eres un ateniense, un ciudadano de la mayor y más famosa ciudad del mundo por su sabiduría y su poder. ¿No te avergüenzas de velar por tu fortuna y por su constante incremento, por tu prestigio y tu honor, y en cambio no te preocupas para nada por conocer el bien y la verdad ni para hacer que tu alma sea lo mejor posible? Y si alguno de ustedes lo pone en duda y sostiene que sí, que se preocupa de eso, no le dejaré en paz ni seguiré tranquilamente mi camino, sino que lo interrogaré, lo examinaré y le refutaré. Y si me parece que no tiene ninguna areté (en griego: excelencia o perfección), sino que simplemente la aparenta, le increparé diciéndole que siente el menor de los respetos por lo más respetable y el respeto más alto por lo que menos respeto merece. Y esto lo haré con los jóvenes y los viejos, con todos los que encuentre, con los de fuera y los de dentro; pero sobre todo con los hombres de esta ciudad, puesto que son por su origen los más cercanos a mí. (…) Porque todos mis manejos se reducen a moverme por ahí, persuadiendo a jóvenes y viejos de que no se preocupen tanto ni en primer término por su cuerpo y por su fortuna como por la perfección de su alma”.

Sócrates cuando es condenado a muerte por el tribunal y acepta voluntariamente la injusticia, sin pretenderlo con el tiempo se le asemeja en paralelismo con Cristo: ambos eran conscientes de que se podrían haber defendido fácilmente con demagogia y sofismas.

Sócrates de haber usado sus dotes de orador y su sapiencia y cultura, habría vencido sin dificultad en el juicio, pero optó por la verdad: “Prefiero morir después de haberme defendido de este modo, que vivir por haberme defendido de otra manera”. Prefirió la verdad, antes que la mentira, el engaño y la maldad, es decir, el empeoramiento del alma.[3]

Sócrates concluye su defensa diciendo que no guardará rencor contra quienes le han acusado y condenado a muerte. Y, en un acto de total confianza, pide que cuiden de sus tres hijos mientras crecen, asegurándose de que estos pongan lo bueno por delante de su propio interés.

Conmovedoras palabras: “Solo les pido una cosa: cuando mis hijos sean mayores, les suplico que los castiguen como yo los he atormentado a ustedes, si les parece que prefieren las riquezas o cualquier otra cosa antes que la virtud, y si llegan a creerse algo cuando no son nada. No dejen de reprocharles, como yo los he reprochado a ustedes, que creen ser lo que no son”.

Deberíamos publicar y difundir este testimonio de Sócrates, que prefirió con fuerzas y vehemencia para sus hijos: La verdad, conocimiento propio y virtud, ante cualquier otro bienestar o beneficio material. Sócrates fue defensor de la sinceridad y el conocimiento propio.[4]

Ser fuertes, virtud de la fortaleza, de la que Santo Tomás[5] nos legó las diferencias entre la fortaleza de la filosofía griega y la fortaleza bíblica. La fortaleza en la filosofía griega se entiende como fuerza de ánimo frente a las adversidades de la vida, como desprecio del peligro en la batalla (andreía); como dominio de las pasiones para ser dueño de uno mismo (kartería); como virtud con la que el hombre se impone por su grandeza (megalopsychía). En todo caso, se considera que el hombre sólo posee sus propias fuerzas para librarse de los males y del destino. Para mí, el aporte del sabio Santo es que “la fe puede iluminar la razón para entender verdades que la razón por sí sola no puede alcanzar”.

Todos somos vulnerables desde el mismo momento de la concepción. Esta condición trae consigo que somos susceptibles de recibir heridas, lo cual no quiere decir que no podamos resistirlas y superarlas. Precisamente, esta vulnerabilidad que todos tenemos nos permite —y exige— desarrollar la virtud de la fortaleza. Santo Tomás de Aquino define esta virtud con dos frases: “aggredi pericula”, enfrentarse con el peligro; y “sustinere mala”, soportar las adversidades por una causa justa —la verdad, la justicia, etc.—. La primera frase implica que la persona fuerte es audaz, enfrenta metas arduas y difíciles. Y la segunda frase manifiesta que es una virtud que madura en y con las dificultades. Una persona fuerte es aquella que, además de aceptar y hacer frente al dolor —que siempre está presente en la vida—, se esfuerza por conseguir un bien difícil sobreponiéndose a los obstáculos y perseverando a pesar de las contrariedades.

En una sociedad consumista como la actual, en la que el criterio para guiarse es “me gusta”, “tengo ganas”, en lugar de “quiero, aunque me cueste” o “debo hacerlo, aunque me cueste”, hay que poner en juego el autodominio y no dejarnos guiar por lo fácil o por la apariencia. De lo contrario, si no ejercitamos la voluntad, esta se va debilitando y va aumentando la necesidad de inmediatez a la hora de querer alcanzar cualquier objetivo. Por eso, la paciencia es parte importante de la virtud de la fortaleza. Lamentablemente, la situación actual se complica porque en las familias predomina un estilo educativo sobreprotector, caracterizado por querer evitar cualquier tipo de esfuerzo y sufrimiento en los hijos, lo que impide que maduren adecuadamente.

Nos preocupamos, justamente, por obtener para los niños la mejor educación posible. Pero frecuentemente nos olvidamos de que, si se busca un crecimiento ordenado y sano en todas las dimensiones, nada hace madurar tanto como el dolor o la dificultad. No se trata de buscar el sufrimiento —sería masoquismo—, sino de aprovechar las ocasiones que nos ofrece la vida normal. En la medida en que renunciemos a cosas fáciles que nos atraen, pero aportan poco y busquemos otras que tienen un valor mayor, vamos creciendo en autodominio, en autocontrol, en perseverancia y en alegría, virtudes directamente relacionadas con la fortaleza.

Me permito reflexionar y aportar algunas sugerencias, especialmente a los padres: “no ceder rápidamente a los caprichos, evitar gastos superfluos —que se acostumbren a la austeridad— exigir a los hijos que tengan en la casa encargos concretos adecuados a su edad, que terminen las cosas y no las dejen a medias, etc.

Recordemos que “la fortaleza lleva a la serenidad”[6] y esto ayuda a afrontar los retos y tomar las más acertadas decisiones: “Fuertes y pacientes: serenos (…) serenos, aunque solo fuese para poder actuar con inteligencia: quien conserva la calma está en condiciones de pensar, de estudiar los pros y los contras, de examinar juiciosamente los resultados de las acciones previstas”.

Jorge A. Capote Abreu

Santander, 30 de enero de 2024

Referencias:

[1] Sócrates, Atenas, 470 a.C.-399 a.C.) fue un filósofo clásico griego considerado como uno de los más grandes, tanto de la filosofía occidental como de la universal. Fue maestro de Platón, quien a su vez fue maestro de Aristóteles, siendo estos tres los representantes fundamentales de la filosofía de la Antigua Grecia. 

[2] Sócrates hizo una réplica irónica a la sentencia de muerte del tribunal proponiendo pagar tan sólo una pequeña multa dado el escaso valor que tenía para el Estado un hombre dotado de una misión filosófica. También se menciona que Sócrates pidió jocosamente que se lo podría condenar sencillamente “invitándole a comer en los banquetes comunales”, en alusión a que estos eran deplorables.

[3] https://humanidades.com/socrates/

[4] Tomado del trabajo de Carlos González Saracho – Junio 2022 en https://www.hacerempresa.uy/testamento-de-socrates-por-favor-sean-severos-con-mis-hijos/

[5] Santo Tomás de Aquino (1224/1225- 1274) fue un presbítero, fraile, teólogo, filósofo y jurista católico perteneciente a la Orden de Predicadores, es considerado el principal representante de la enseñanza escolástica y una de las mayores figuras de la teología sistemática.

[6] https://escriva.org/es/amigos-de-dios/77/