REFLEXION PERSONAL

UNA REFLEXION PERSONAL

Es difícil recoger en unas líneas las impresiones y emociones de un viaje personal a Cuba. Un viaje ya de por si estrictamente familiar y por lo tanto con múltiples manifestaciones e interpretaciones de sentimientos, no siempre los más puros, ni los más sinceros, influenciados por las reservas y criterios que la lejanía, diferencias de criterios u opiniones sobre las experiencias vividas, a la vez que diferencias de evolución o sensibilidad humana (espiritual y cultural).

Es entendible que personas, aun con las mismas bases genéticas, pertenecientes a un mismo árbol genealógico, posean diferentes formas de apreciar y reflejar sentimientos y, a la vez diferencias en sus apreciaciones y percepciones de la realidad socio-ecónomo-política global. Comprendo que es muy difícil de hermanar, sentimientos y valores, en quienes en unas u otras latitudes han desarrollado sus vidas, adquiridos hábitos y costumbres y, a la vez asentado conceptos básicos de la vida.

Estas máximas que son válidas para TODOS los mortales, se acrecientan en los que hemos nacidos en la Perla del Caribe, por la cismática situación creada después de la Revolución de 1959. Unos la abrazaron y, otros la repudiaron, dividiendo en la práctica a familias enteras, que vieron desmembrarse a sus hijos y parientes. Cada una de las partes se aferró a su “verdad” y creyó que en ella se encerraba el Santo Grial y manipulado por intereses de ambos lados del estrecho de la Florida. Se enclaustraron o anquilosaron sentimientos y valores familiares que se habían forjado durante generaciones.

Hoy, cuando el tiempo ha situado en un más justo lugar esas diferencias y, las ha ajustado en dimensión y, los intercambios y contactos entre familiares de ambas orillas se han incrementado, aún persisten resquemores y “heridas” que no se han podido o querido sanar del TODO, o que poco se ha hecho para ello.

Los que hemos querido ejercitar el rescate de sentimientos y valores familiares. Los que hemos querido poner en práctica los principios cristianos propugnados en el evangelio, nos vemos en muchas ocasiones “agredidos” por ignorancia o la inercia de quienes no han avanzado lo suficiente en el camino de superar las desavenencias o los efectos de las heridas causadas. En definitiva, no han hecho mucho por sanar su vida desde el perdón y la FE, que es desde donde único se puede crecer y ser FELIZ.

La Biblia lo señala con muchos hitos: PERDONAR, BENEFICIA…. En Romanos 12:2,16, 21… nos lleva a reflexionar sobre la humildad y, a “no ser sabios en nuestras opiniones”, a rechazar el orgullo y a buscar la humildad en las relaciones con nuestros hermanos. “Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes…” (Stgo 4:6). No hay otro camino que, dejar abierto el corazón al perdón por vía de la oración.

He pretendido y pretendo, no con el éxito deseado, que mis acciones y actuaciones lleven a TODOS los que tienen mi misma sangre, por vía materna o paterna, al perdón de los posibles errores – de acción u omisión – que puedan haber cometido sus más cercanos o lejanos parientes. Pero no siempre la actitud es proclive a ello, y lo peor, más bien a lo contrario. Y si ello, en si es doloroso, peor es enmascarar en una apariencia de perdón unas actitudes y respuestas salidas de las heridas o de las discrepancias o desavenencias, de las huellas del error de una o de las dos partes.

Expresemos nuestros sentimientos con sinceridad, con respeto, sin hipócritas formas, sin resentimientos y con la máxima de sentirnos cristianos y ver a nuestros parientes como un HERMANO, así en mayúsculas, que es más que simbólicamente hermano por ser igualmente hijos de nuestro Padre, sino que Él nos puso en la misma línea sanguínea, para dotarnos adicionalmente de componentes genéticos que nos igualan en muchas de nuestras manifestaciones externas e internas y, así favorecer a cultivar ese Don.

Jorge A. Capote Abreu