Recuerdos del abuelo….

RECUERDOS DEL ABUELO JOSE

Con sus hijos Ondina y Orlando en 1936

Era un hombre extraordinario que, para su época supo salir adelante. Me siento orgulloso de él y, tengo maravillosos recuerdos de los años de mi infancia que pude disfrutar de sus vivencias. Murió en 1948, cuando yo asomaba a los 7 años… así que podrán imaginar.

Pero conocí y monté los tranvías de La Habana en su compañía. Me llevaba a comer a una cafetería que había en Campanario y Neptuno, “Hollywood”, que tenía a todos sus empleados con uniformes impecables y, recuerdo me ponían una sillita de esas altas y, los cubiertos eran pequeños de niños.

Él vivía en Campanario 315 y, casi pudiera dibujar el apartamento y su distribución, porque era una casa de huéspedes que administraba una gallega llamada María. Y así muchas anécdotas. Llego a ser Vicepresidente de la Pan American Life Insurance Co., compañía de seguros que tenía sus oficinas al lado del Edificio Bacardí, frente a la Plaza Supervielle[1], en La Habana, cerca de la Manzana de Gómez.

Tenía negocios de varios signos y en Camajuaní paraba siempre en el Hotel Cosmopolita[2], donde tenía una Suite para él y su mujer entonces, Amelia.

Me recuerdo de sus expresiones y sus costumbres. Fumaba mucho y murió en la Clínica del Viejo, un centro geriátrico que había en Línea y L, frente al parque que hay ahi.

Tuvimos la gran suerte de su sensibilidad y previsión, porque dentro de sus herencias, dejo, para los nietos nacidos entonces, que eran: Jorge, el mayor, José Raúl de Stilita Ondina y Orlandito de Orlando Lino Abreu, una herencia importante entonces para ESTUDIOS de $ 45,000 dólares a cada uno. Por eso pudimos estudiar en los HH. Maristas de la Víbora, mi hermano y yo. Orlandito en el Candler College[3]. Solo por eso, tengo una adeudo de gratitud eterna.

Era masón y alcanzo el Grado 33 en la Logia Masónica de Cuba. Le hicieron unos ritos mortuorios extraordinarios.

En el “intento de poema” que publiqué, plasmo algunas pinceladas, pero puedo enriquecer con detalles que Dios me ha permitido guardar vivos en mi memoria. Algunos de ellos, son:

  • En el Liceo de Aguada, viniendo para la casa que teníamos en Agramonte # 8, pasamos frente al Liceo, y estaban reacondicionando las butacas del salón de actos del Liceo. Eran butacas de madera, de entonces. Y había una pila de muchachos raspando las butacas y yo quise participar y, mi abuelo José, me lo permitió y así me gané mis primeros 25 centavos de mi vida. Una gracia, seguramente para él, pero una gran enseñanza de vida para mí.
  • Guardo con celo, en mi corazon, muchas, muchas de sus grandes vivencias y recuerdos. Fue un gran hombre, que sufrió grandes avatares y perdidas de seres queridos.
  • De joven, que era guapo en lo físico, no obstante ser de baja estatura, se fue de polizón en un barco para Nueva York y, allá mando mi bisabuela y sus hermanos a no recuerdo que hermano o primo, a buscarle… Eso da también una dimensión de su personalidad.
  • El Abuelo (Chía), que era como le decían porque se llamaba José Rosalía Abreu Sardiñas y por eso detestaba los apodos. Rosalía, porque tenía vínculos familiares con los de la familia de Marta Abreu, la filántropa cubana de finales del XIX. Tengo algunas investigaciones al respecto.

Algunos datos complementarios:

[1]Plaza de Supervielle en La Habana

Manuel Fernández Supervielle, Alcalde de La Habana, fue un habanero de origen humilde –aunque en segundas nupcias desposaría a la hermana de un acaudalado y conocido hombre de la época- gracias a sus esfuerzos, que incluyen hacer de bodeguero según algunas fuentes. Supervielle (nombre con el cual ha quedado inmortalizado en su pequeño busto) hizo del esfuerzo y la tenacidad un arte propio y consiguió graduarse en Derecho Civil.

La historia de nuestro protagonista no es otra que la de un hombre hecho a sí mismo, frase recurrente de la época, sin dudas los valores de los cuales se sirvió para tan honrosa labor son lo más significativos. Acostumbrado a perseverar y conquistar, Manuel Fernández consiguió escalar posiciones en la vida pública de la ciudad, ocupó el cargo de decano del Colegio de Abogados de La Habana e incluso fue elegido presidente de la Federación Interamericana de Abogados en 1940. Su nombre, ya conocido, comenzó a ser respetado y se presentó a las elecciones para la alcaldía de La Habana.

Gracias a estos antecedentes y otros méritos adquiridos en su recorrido vital el Doctor Manuel Fernández Supervielle fue nombrado ministro de Hacienda por Ramón Grau en 1944. Dentro de un (des)gobierno, infamemente recordado por la corrupción a todos los niveles, su figura salió indemne de la pira pública.

Sabedor de los problemas acuíferos de la ciudad, el flamante alcalde hizo de este tema estandarte, – ¡agua para todos, no solo en el dominó! -, pero la realidad se mostró menos dialogante. Supervielle, hombre de palabra como hemos dicho, empezó a ver que no había solución a corto plazo. Se encontró sin ayudas del gobierno ni de otras fuentes externas para la realización del proyecto salvador: extender el acueducto de Albear, necesitado de mejoras constantes toda vez que la ciudad no había dejado de crecer en el período republicano; de 235 000 habitantes censados en 1899 hasta los casi 677 000 de 1943.

La vergüenza martillaba su honor y el choteo habanero, clamando por agua en cuanto mitin se dejaba ver hizo su parte de presión añadida. Así, viendo que su reclamo electoral sería irrealizable a corto plazo se disparó en el pecho la mañana del 4 de mayo de 1947.

La elección de este parquecito para colocar el busto de Supervielle levantó grandes protestas en la prensa pues existiendo la Avenida de los Alcaldes (Paseo) no se entendía la elección de este lugar en La Habana Antigua que no guardaba ninguna relación con el malogrado alcalde.

La Habana recuerda a su manera, tan negada como suele ser con los cambios de nombres a calles y plazas, quizás no haya mejor recuerdo que la persistencia de su nombre en este parque desde 1951, en honor a un hombre íntegro que hizo de los principios su bandera y que incapaz de cumplir sus promesas electorales puso fin a su vida. “Prefirió honor sin vida que vida sin honor”.

[2] HotelCosmopolita de Camajuaní.

La primera planta de este edificio data de la década de 1880 en que se construyó para uso comercial. Le fue adicionada una segunda planta de madera y acondicionado como hotel o posada en los últimos años del Siglo XIX.

En 1918 se le terminaron las dos plantas superiores que le aportaron la imagen de edificio ecléctico que aún hoy en ruinas mantiene. Siendo el hotel más importante del pueblo se alojó en él cuanta personalidad pública o privada de importancia lo visitara, así se cuentan entre sus inquilinos al violinista Brindis de Salas, al poeta y patriota Juan R. Delgado Limendoux, el rey de las octavas, la compañía de Esperanza Iris, Antonio Guiteras, el cantante Pedrito Rico, Benny Moré, el Indio Naborí, entre otros muchos.

En sus portales dio Máximo Gómez un mitin de campaña política en 1901 a favor del candidato presidencial Estrada Palma que terminó a son de plan de machete al ser la mayoría camajuanense partidaria del candidato opositor Bartolomé Masó. Vinculado directamente a las parrandas[4] por estar en el mismo centro de los encuentros o encontronazos de los barrios en pugna y por ofrecer desde sus balcones una inigualable vista del paseo de las carrozas. Transformado en ciudadela o cuartería en la década de 1960 con un taller de costura en su planta baja, se deterioró rápidamente hasta el punto de tener que ser clausurado estando hoy en flagrante peligro de desplome total.

Referencias:

[1] Plaza de Supervielle en honor de un exalcalde de La Habana. En la intersección de las calles San Juan de Dios y Avenida de Bélgica (Monserrate).

[2] Hotel Cosmopolita de Camajuaní. Edificio histórico de Estilo Neoclásico-Ecléctico, situado en calle Gral. Naya esq. Leoncio Vidal, Camajuaní, Villa Clara. Actualmente demolido.

[3] El Candler College y el Colegio Buenavista fueron instituciones educativas fundadas por la Iglesia Metodista Episcopal del Sur1 en Cuba.

[4] Las parrandas populares de Camajuaní representaban a diferentes partes de la ciudad. Las de las zonas altas, eran denominados: los chivos y las de las partes bajas, eran los zapos.