Otra de libros… (II)

MIS IMPRESIONES SOBRE EL LIBRO

ADIOS A CASI TODO

de Salvador Pániker

LITERATURA RANDOM HOUSE (2017) – ISBN: 978-84-397-3269-3

MIS IMPRESIONES – (II PARTE – Final)

En una entrevista en Cadena Ser, Hora 25, le preguntan a Pániker sobre la eutanasia, y por qué la Iglesia Católica se ha opuesto con tanta rotundidad a que se aplique y responde: “la Iglesia siempre ha pretendido tener el monopolio de las postrimerías del ser humano en el contexto de una teología del terror a la muerte y que, si se seculariza el acto de morir, la Iglesia pierde poder”.

Coincido en muchas de las acepciones y conceptos de Pániker, y algunos, especialmente cuando dice que “la regla básica de mi cartuja: hacer a cada momento lo que a cada momento toca hacer” y, es obviamente también la mía…

Coincido con mas proximidad en los aspectos filosóficos-religioso que en los de temas científicos con los enunciados y criterios de Pániker. Él mismo dice que muchas veces de estos temas, cuando le entrevistan, “decide responder con vaguedades mentales. “El objetivo de la inteligencia artificial (AI) es diseñar algoritmos que doten de comportamiento inteligente a las maquinas”, sin dejar de precisar […] “que la capacidad humana para interpretar científicamente la realidad es limitada”, lo cual lo acerca mas a mis conceptos de algunas de las infinitas reglas que definen la AI y su aplicación.

Pániker hace referencias a pensadores y filósofos constantemente, enriqueciendo el texto con esas referencias, como la que hace con motivo de “los doscientos años de la publicación de Fenomenología del espíritu, el libro que, según se dice, Hegel concluyo de escribir en Jena precisamente cuando Napoleón entraba victorioso en la ciudad”. “Hoy he visto al Espíritu montado a caballo”, dijo el filósofo. Antonio Escohotado[1] opina que la Fenomenología es el libro mas inteligente y profundo jamás escrito. La cuestión es, puntualiza el autor: ¿Quién lee hoy a Hegel? ¿Quién conoce la historia? y añade el comentario de Manuel Vicent que “los jóvenes que este año se han examinado de selectividad nacieron con el internet, el móvil, el MP3, el CD, el GPS, el chat y la PlayStation; que cuando tomaron la primera papilla, en el mundo no había muro de Berlín ni guerra fría; que no saben lo que es la mili y les suena vagamente el nombre de Felipe González.  Eso sí, se han encontrado con la globalización, el terrorismo planetario y la necesidad de saber inglés”.

En otro párrafo, Pániker reflexiona sobre el rezar y dice: “En otras épocas rezábamos. […] Hoy, con la visión de un mundo inexorablemente sometido a sus propias leyes, no alcanzo a situar el contexto y el alcance de este verbo. Y con todo, no renuncio a una cierta improvisación, a una cierta plegaria espontanea. […] Esa figura, rezar, la han desprestigiado los profesionales de la religión, pero es una figura bella, un acto complejo y candoroso, una música, un cante jondo. Un asomarse al exterior. Al exterior de todo. […] Pienso, además que hay muchas maneras de rezar. Rezar “significa despojarse del pensamiento”, escribe el maestro hesicasta Evagrio Póntico[2] dentro de la tradición mística más solvente. Pero también cabe decir que rezar es desahogarse. Y quizás, ante todo, rezar sea escuchar. Escuchar y, a la vez reaccionar”.

El autor comenta que “la democracia es un sistema frágil, perpetuamente amenazado por la tentación simplificadora, la pereza, la fragmentación, la demagogia, el populismo, la partidocracia. Quiere decirse que la democracia es un sistema que está siempre en crisis. Un sistema francamente malo, cuya mayor ventaja es – como tantas veces se ha dicho – que los demás sistemas conocidos son todavía peores[…] Y hay que admitir que el electorado suele ser ignorante, caprichoso, simplificador, cortoplacista”.

Leyendo textos sobre historia de la música, Pániker nos da detalles de fobias y filias, a menudo incomprensibles, de los grandes: “así, nos enteramos con sorpresa, nos dice, de que Tchaikovski detestaba la música de Brahms, se aburría con Wagner, no creía que Bach fuera un genio, consideraba a Haendel una figura de cuarta categoría, y amaba a Mozart por encima de todos. Wagner y Brahms se respetaban, pero sentían escaso entusiasmo musical el uno por el otro. Haendel dijo de Vivaldi que había escrito trescientas veces el mismo concierto. Mendelssohn apreciaba a Schumann como ser humano, pero se sentía incomodo con su música. En cambio, Schumann valoraba inmensamente a Mendelssohn. Por su parte Debussy le desagradaba Tchaikovski, lo aburría Beethoven y le dejaba indiferente Brahms. Menos mal que Beethoven valoró positivamente a Mozart, a Haendel y a Bach. Y que los románticos, aunque fuera póstumamente, reconocieron el genio de Schubert”.

Pániker comenta un articulo de La Vanguardia sobre el tema de la felicidad, y dice: “Insisto en viejos tópicos. Todavía nuestros abuelos se refugiaban en algún mito escatológico; hoy, con una esperanza de vida de ochenta años, la atención se ha desplazado hacia el bienestar físico en este mundo, la autorrealización (Maslow), la creatividad, el equilibrio cuerpo-mente, la felicidad es a la carta, motivo por el cual hay que señalar el disparate de quienes proponen introducir la felicidad como un derecho constitucional protegido por el Estado (vieja idea ya propuesta por Robespierre, que se inspiro en Rousseau y, que también aparece en la Declaración de Independencia de los Estados Unidos).  El Estado puede ser del bienestar, nunca de la felicidad. […] El Estado no puede incidir en la vida íntima, y la felicidad es, precisamente, la autorrealización de la vida íntima”.

En otro apartado, paginas adelante, el autor toca “ese monacato que llamamos vejez”.  Y recuerda frases de Karl Popper[3] al que le preguntaron una vez: “Usted, que tiene tantos años, ¿Qué piensa de la vejez?” Y que Popper contestó: “¿La vejez?, ya ni me acuerdo”.  Ya en mis notas sobre el libro de Pániker “Variaciones 95”, remarque algunos párrafos sobre el tema, en el que mencionaba frases y anécdotas de varios grandes personajes: “Al final de su vida Ludwig Boltzmann perdió casi la vista y sufría agudísimos dolores de cabeza; […] Víctor Hugo, al final de su vida, medio sordo y silencioso, no hacia absolutamente nada. Miguel Ángel Buonarroti esculpió su más misteriosa Pietá. Juan Sebastián Bach, ya ciego, le dictaba a su hijo las ultimas notas de El arte de la fuga. Ralph Waldo Emerson tenia graves problemas de memoria, olvidaba su propio nombre, y cuando alguien le preguntaba como se sentía, respondía: “perdí mis facultades mentales, pero estoy perfecto”, y así una decena de anécdotas de grandes personajes de la historia”.

Remarca constantemente el autor frases y sentencias budistas: “El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional”, que se suman a mis subrayados. Pániker juega con su soledad, esa soledad asténica, que él remarca y complementa con su ocupación básica de sobrevivir. Nos recuerda una frase de Alfred N. Whitehead:[4] “La religión es lo que cada cual hace con su soledad”. No comparte el autor la tesis del escritor estadounidense Ken Wilber de la integración de ciencia y religión. “Wilber distingue entre religión exotérica y religión esotérica”. La primera esta hecha de mitos y creencias. La segunda se apoya en un experimento personal que uno lleva a cabo científicamente en el laboratorio de su conciencia. Ese experimento es la meditación. Wilber defiende así la idea de una “ciencia espiritual”.

Recuerda su articulo “Israel, un error, ya consumado”, aparecido en El País el 21 de abril de 2010. Lo leí, y me pareció muy bueno, muy real e interesante. Le recomiendo.

Tras unos párrafos de análisis sobre “los consuelos de la religión”, que precisa como “eficaz en algunas ocasiones, artificial en muchas otras”, y sentencia “Si a alguien su religión le sirve para mantener la serenidad, no se la quitemos”. Y reflexiona sobre la vejez tediosamente miserable, como le califica, y precisa: “Dice la más convincente tradición mística que no hay nada que buscar, que todo está aquí y ahora; que en cuanto comienza la búsqueda se penetra en la disociación y en la irrealidad”.

Adiós a casi todo, me ha resultado, un libro fascinante y especialmente cercano, en conceptos y criterios con los del autor. Le leí con esmerado detalle: relecturas, subrayados y notas al margen, que recomiendo para quienes tengan inquietudes filosóficas, religiosas, místicas, y pasen de los veinte años…

Jorge A. Capote Abreu

 

Referencias:

[1] Antonio Escohotado Espinosa (Madrid, 5 de julio de 1941) es un pensador, ensayista y profesor universitario español cuyas obras, si bien centradas principalmente en el derecho, la filosofía y la sociología, han abordado una gran variedad de campos

[2] Evagrio Póntico, o Evagrio el Monje, también apodado El solitario (345-399) fue un monje y asceta cristiano. Era muy conocido por sus cualidades de pensador, escritor y orador.

[3] Karl Raimund Popper (Viena, 28 de julio de 1902-Londres, 17 de septiembre de 1994) fue un filósofo y profesor, nacido en Austria, aunque más tarde se convirtió en ciudadano británico.

[4] Alfred North Whitehead, Orden al Mérito de UK, Miembro de la Royal Society (15 de febrero de 1861 al 30 de diciembre de 1947) fue un matemático y filósofo inglés. Es reconocido como la figura que define a la escuela filosófica conocida como la Filosofía del Proceso.