Otra de libros…

MIS IMPRESIONES SOBRE EL LIBRO

«LA CULTURA EN EL MUNDO DE LA MODERNIDAD LÍQUIDA»

 de Zygmunt Bauman

Fondo de Cultura Económica – ISBN: 978-84-3750-697-5

SINOPSIS

La cultura fue concebida originalmente como un agente de cambio, una misión emprendida con el objeto de educar a las masas y refinar sus costumbres. Pero en nuestro mundo contemporáneo de la modernidad líquida, la cultura ha perdido su rol misional: ya no busca ilustrar e iluminar al pueblo sino seducir al público. Inserta en una sociedad de consumo, su función no consiste en satisfacer las necesidades existentes sino en crear necesidades nuevas, y a la vez garantizar la permanente insatisfacción de las que ya están afianzadas. Así, la cultura actual se asemeja a una gran tienda cuyos estantes rebosan de bienes deseables que cambian a diario, en competencia por la atención insoportablemente fugaz y distraída de los potenciales clientes.

En este nuevo libro, Zygmunt Bauman –uno de los pensadores más brillantes y provocadores de nuestro tiempo– rastrea las peregrinaciones del concepto de cultura y examina su destino en un mundo marcado por las nuevas y poderosas fuerzas de la globalización, las migraciones y la interacción de poblaciones, que ponen en cuestión los lazos entre identidad y nacionalidad.

Frente a la realidad de vivir en estrecha cercanía con diversos pueblos, lenguas e historias, Bauman apela a un diálogo entre culturas en el que las comunidades se abran mutuamente e inicien un intercambio que las enriquezca en la búsqueda de una humanidad común. En un espacio en donde el Otro siempre es el vecino, cada uno recibe un llamamiento constante a aprender de todos los demás.

MIS IMPRESIONES

Con cierta asiduidad, desde hace algún tiempo, se nos hace presente de manera persistente la forma de ver y conceptualizar determinados aspecto de la cultura y del desarrollo de la sociedad, con el concepto “fluido” para referirse a una nueva forma de entenderse y manifestarse. Este concepto me ha hecho leer multitud de trabajos, artículos y ahora a este pequeño libro de Bauman, que aborda el tema de la cultura desde el concepto original de “modernidad líquida[1]. El autor aborda el cambio e influencia de las diferentes manifestaciones de la cultura como: la moda, la globalización cultural, el arte o el mercado, vinculándolo con el nuevo término de “modernidad líquida” remarcando el permanente cambio de nuestra realidad. Desde las primeras páginas del libro nos va marcando el sentido de su análisis, “disolución de todo lo sólido” precisando, que a diferencia de ayer, las formas hoy disueltas no han de ser remplazadas.

En la entrevista de La Vanguardia, Bauman, asegura: “Probablemente su Gobierno, como el del Reino Unido, llama a sus ciudadanos a ser flexibles. ¿Qué significa ser flexible? Significa que no estés comprometido con nada para siempre, sino listo para cambiar la sintonía, la mente, en cualquier momento en el que sea requerido. Esto crea una situación líquida. Como un líquido en un vaso, en el que el más ligero empujón cambia la forma del agua. Y esto está por todas partes”.

Y concluía su razonamiento: “hoy hay una enorme cantidad de gente que quiere el cambio, que tiene ideas de cómo hacer el mundo mejor no sólo para ellos sino también para los demás, más hospitalario. Pero en la sociedad contemporánea, en la que somos más libres que nunca antes, a la vez somos también más impotentes que en ningún otro momento de la historia. Todos sentimos la desagradable experiencia de ser incapaces de cambiar nada. Somos un conjunto de individuos con buenas intenciones, pero que entre sus intenciones y diseños y la realidad hay mucha distancia. Todos sufrimos ahora más que en cualquier otro momento la falta absoluta de agentes, de instituciones colectivas capaces de actuar efectivamente”.

Bauman aplica su concepto de liquidez a la cultura, señala simplemente que ésta, en su etapa “líquida”, ha dejado de ser patrimonio de una élite porque ahora pertenece al “populacho”, por lo que ha pasado a ser mercancía que seduce a los clientes sin necesidad de ilustrarlos o “ennoblecerlos”[2].

El autor encuentra el estado de fluidez de la cultura moderna, especialmente en la moda, porque ésta nunca se limita a ser, sino que constituye un estado permanente de devenir que nunca pierde ímpetu, que parece incrementarse porque contrasta el deseo de pertenecer a un grupo con la búsqueda de individualidad y originalidad: “el sueño de pertenecer y el sueño de la independencia; la necesidad de respaldo social y la demanda de autonomía; el deseo de ser como los demás y la búsqueda de singularidad[3] Y amplia páginas más adelante este concepto: “La moda de hoy no es progreso porque no toma en cuenta los deseos, porque considera el progreso una fuerza arrolladora que demanda nuestra sumisión[4]. El concepto de progreso, para el autor, es: auténtico desarrollo y vinculándolo con la ganancia en una sociedad de mercado. Y llega a concluir que ni la moda ni el progreso mejoran la vida, porque sólo dan al individuo elementos para evitar su fracaso demostrando la capacidad para ser otra persona.

Respecto a la historia del Estado-Nación, el autor destaca que, para su formación, permanencia y fortalecimiento se sirvió de la cultura, que desde entonces ha desempeñado un papel central. Sin embargo, la “funcionalidad” del fomento de las aspiraciones del individuo trajo consigo progresivamente el abandono de las prácticas estabilizadoras del Estado, especialmente bajo la presión globalizadora.

Bauman señala que la migración constituye un elemento central de la cultura en el mundo “líquido”. Con respecto a la globalización, destaca que la creación del orden y del crecimiento económico en la modernidad ha generado la expulsión de numerosos grupos humanos de su tierra de origen: En diferentes épocas de Europa hacia América, Asia y África; luego el flujo de las colonias hacia los centros imperiales y, finalmente, de cualquier punto del planeta hacia lugares donde el individuo busca asegurar para él y los suyos una sobrevivencia digna.

Bauman afirma que esto “rompe la jerarquía de culturas heredada del pasado y desbarata el modelo de asimilación como evolución cultural naturalmente progresivo[5]. Ya no hay superioridad de una cultura sobre otras. Hoy domina el factor económico, que trae cambios para la cultura que, en ocasiones, son violentos, pero que continúan modificando la estructura social ahora globalizada. Esto acarrea necesariamente presiones políticas; algunas tienden hacia la separación y el crecimiento de los inmigrantes, y otros a imponer barricadas que impidan el flujo de individuos.

En este contexto, el sociólogo denuncia el interés de algunas estructuras políticas por mantener conflictos entre comunidades y por fomentar la desunión; critica especialmente la filosofía del multiculturalismo porque, a su parecer, “refuta precisamente el valor que profesa en la teoría: el de una convivencia armoniosa de culturas. […] esta filosofía apoya las tendencias separatistas y en consecuencia antagónicas, dificultando así aún más cualquier intento de diálogo multicultural[6].

Bauman nos lleva a través de sus reflexiones y análisis ante un concepto de cultura vinculado —confundido— con una nueva estructura de poder, que hoy se cuestiona en múltiples aspectos. Según Bauman, el modelo de dominación establecido en y por el Estado moderno está “dando paso a la autosuperación y el autocontrol por parte de los objetos de dominación” que adoptan una forma de enjambre en la medida en que los «creadores de cultura» son hoy múltiples y ajenos al mecanismo de dominación, tal como lo señaló con motivo de la moda. Bauman cita a Peter Drucker[7] al afirmar que “ya no habrá solución por la sociedad”, entre otras cosas, porque sostiene que hoy la sociedad es indiferente al bien y al mal.

El reconocimiento del pluralismo cultural se puede ver como el punto de partida para una posible convivencia: el “punto de partida de un largo proceso político cuyos resultados quizá no estén del todo claros, pero que puede ser útil e incluso beneficioso para todas las personas involucradas”.

Siguiendo a Jürgen Habermas[8], añade que la conveniencia de erigir como marco el régimen constitucional democrático (propio del Estado moderno) porque con ello se asegura la autodeterminación del individuo en libertad. Destacando la universalidad de los derechos del ciudadano como precondición de cualquier política de reconocimiento acorde con la pluralidad de formas de vida humana que mantiene la búsqueda constante del bienestar de cada individuo. Asegura, además, que esto podría también desterrar el sentimiento de amenaza e incertidumbre cuando entran en relación diversas culturas, dando paso al postulado del multiculturalismo ya propuesto por Alain Touraine[9].

Siguiendo a Georg Steiner[10], sostiene que hoy la principal tarea de Europa es de índole espiritual e intelectual para transmitir —citando también a Hans Georg Gadamer[11]— al mundo el arte de que todos aprendan de todos para lograr con ello el destino de Europa.

Sin embargo, la cita de Gadamer no se refiere a la organización política, sino a la tarea fundamental del hombre que consiste en “vivir con el Otro, vivir como el Otro del Otro”. Bauman visualiza una Europa dispuesta a ofrecer a los demás la experiencia que ella vive integrando diversos Estados nación. Pretende ofrecer una fusión de horizontes culturales, étnicos y lingüísticos en vistas a construir un futuro común: “La Unión Europea es nuestra oportunidad para lograr una fusión como ésa”.

Un espacio considerable del libro se refiere específicamente a Francia, destacando el papel que desempeñaron para la formación de la cultura primero los reyes y luego los gobiernos republicanos. Ellos determinaron, difundieron y fomentaron una cultura que inicialmente poseían sólo algunas personas. Fue, a juicio de Bauman, hasta el siglo XX tardío cuando Malraux[12] consideró la cultura el ámbito donde era posible crear oportunidades, lo cual trajo consigo el reconocimiento y la adopción del pluralismo cultural con los conflictos asociados, especialmente en el caso de las Bellas Artes, conflictos que tienden a poner en oposición a la administración con el artista, quien tiende a superar, ignorar, negar o rechazar lo establecido y cuidado por la administración.

Bauman ignora el papel socialmente creativo del arte por la innovación y las rupturas que el arte —aunque reducido a las Bellas Artes— aporta incesantemente. En contraste con esta visión parcial y limitada del arte, cita a Hanna Arendt[13] y afirma que la cultura trasciende y supera las realidades presentes más allá de los límites que le impone “la problemática actual” sometiendo la cultura a la belleza. En este punto retoma su idea inicial de consumo que se vincula necesariamente con el arte y, en consecuencia, con la cultura, tal como sucede con los eventos que se realizan en galerías, auditorios y estadios. Bauman, lo considera una característica de la modernidad líquida y se pregunta si la cultura se beneficiará del paso de una administración supuestamente clara y ordenada a una nueva “gerencia” en la que las obras artísticas son fugaces y dependen de la fama.

Me hubiera gustado poder disponer de una reflexión ordenada acerca del concepto de “modernidad líquida” aplicado a la cultura, con referencias a la historia y a los factores que han sido la causa de dichos cambios. Sin dudas me ha permitido adentrarme en conceptos para reflexionar sobre temas actuales de nuestra realidad.

Un pequeño gran libro de obligada lectura y profunda reflexión obligada.

JACA – Santander, Febrero de 2024

Referencias:

[1] https://www.lavanguardia.com/cultura/20170109/413213624617/modernidad-liquida-zygmunt-bauman.html

[2]Del análisis de Fernando Sancén Contreras en https://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0185-24502014000200012

[3] De la página 24 del libro.

[4] De la página pág. 27 del libro.

[5] De la página 37 del libro.

[6] Del análisis de Fernando Sancén Contreras – www.scielo.org.mx

[7] Peter Ferdinand Drucker (Viena, 19 de noviembre de 1909-Claremont, 11 de noviembre de 2005) fue consultor y profesor de negocios, tratadista austriaco, y abogado de carrera, considerado el mayor filósofo de la administración (también conocida como management) del siglo xx.

[8] Jürgen Habermas, Düsseldorf, 18 de junio de 1929) es un filósofo y sociólogo alemán conocido por sus trabajos en filosofía política, ética y teoría del derecho, así como en filosofía del lenguaje.

[9] Alain Touraine (Hermanville-sur-Mer, Normandía, 3 de agosto de 1925- París, 9 de junio de 2023)1​ fue un sociólogo y escritor francés. Sus principales investigaciones tratan sobre la sociedad postindustrial y los movimientos sociales.

[10] Francis George Steiner (Neuilly-sur-Seine, 23 de abril de 1929-Cambridge, Reino Unido, 3 de febrero de 2020), conocido como George Steiner, fue un profesor, filósofo, crítico y teórico de la literatura y de la cultura franco-anglo-estadounidense, especialista en literatura comparada y teoría de la traducción.

[11] Hans-Georg Gadamer (Marburgo, 11 de febrero de 1900 – Heidelberg, 13 de marzo de 2002) fue un filósofo tradicionalista alemán especialmente conocido por su obra Verdad y método (Wahrheit und Methode) y por su renovación de la hermenéutica. Fue discípulo de Heidegger y el más relevante de la época.

[12] André Malraux (París, 3 de noviembre de 1901 – Créteil, 23 de noviembre de 1976) fue un novelista, aventurero y político francés.

[13] Hannah Arendt nacida Johanna Arendt (Linden-Limmer, 14 de octubre de 1906 – Nueva York, 4 de diciembre de 1975) fue una escritora y teórica política alemana, posteriormente nacionalizada estadounidense, de religión judía y aunque ella no se hacía llamar como tal, puede ser considerada como una de las filósofas más influyentes del siglo XX.