Otra de libros…

MIS IMPRESIONES SOBRE EL LIBRO

NUEVA YORK”  –  (Parte I)

de Edward Rutherfurd

Roca Editorial de Libros, S.L. – ISBN: 978-84-9918-185 -1

SINOPSIS

Los 400 años de Historia de la ciudad de Nueva York se conforma de miles de historias, escenarios y personajes extraordinarios. Partiendo de la vida de los indios que habitaban sus tierras vírgenes y los primeros colonos holandeses hasta llegar a la dramática construcción del Empire State Building o la creación del edificio Dakota en el que vivía John Lennon. Durante la Guerra de la Independencia de los Estados Unidos, Nueva York fue territorio británico; tiempo más tarde, los neoyorquinos crearon canales y vías ferroviarias que abrieron las puertas a la America del Oeste. La ciudad ha estado en el centro del huracán en buenos y malos momentos, como lo fueron el crash del 29 o el ataque del 11 de septiembre. Grandes personajes han poblado su historia: Stuyvesant, el holandés que defendió Nuevo Ámsterdam; Washington, cuya presidencia arrancó en Nueva York; Ben Franklin, que abogó por la América británica; Lincoln, que dio uno de sus mejores discursos en la ciudad… Pero, ante todo, para mí, se trata de la historia de gente ordinaria: indios locales, pobladores holandeses, comerciantes ingleses, esclavos africanos, tenderos alemanes, trabajadores irlandeses, judíos e italianos llegados vía Ellis Island, puertorriqueños, guatemaltecos y chinos, gente de bien y gángsters, mujeres de la calle y damas de alta alcurnia. A estos personajes, la mayoría de ellos anónimos, los descubrí cuando me documentaba para el libro. Eran una milésima parte de todos aquellos que llegaron a Nueva York, a América, en busca de la libertad algo que, la mayoría acabó encontrando.

MIS IMPRESIONES

Es imposible resumir en un numero de paginas aceptables para el lector normal las casi 1000 paginas del monumental libro NEW YORK de Edward Rutherfurd, que un amigo me regaló en 2009, cuando regresaba de uno de mis viajes a “la ciudad de los rascacielos” o si mejor prefieren “la ciudad que nunca duerme” (a city that never sleeps) – como le denomina Sinatra en su canción, ambos calificativos de perfecto encaje en la Big Apple[1] o Gran Manzana”. Reconozco que no solo agradecí el gesto del regalo, porque un buen libro es de los mejores regalos que pueden hacerte, sino por el interés en adentrarme en las raíces históricas de una ciudad que me atrae y es una de mis preferidas: New York.

Sin dudas Nueva York, es la metrópoli que ha cautivado a generaciones con su energía inagotable, es mucho más que rascacielos relucientes y calles abarrotadas. La historia de esta ciudad se extiende a lo largo de siglos, tejiendo un tapiz fascinante de eventos, culturas y personas que han contribuido a su esencia única. Basta repasar sus raíces históricas, tomando como referencia la obra de Rutherfurd, entre otros recursos.

Ya desde el prólogo el autor destaca la impronta que los holandeses dejaron en la “Isla del Centro del Mundo[2], como Russell Shorto denominó a su libro, para referirse a Nueva Ámsterdam de ayer, la Nueva York de hoy.

Desde 1664, cuando la ciudad era Nueva Ámsterdam y estaba controlada por los holandeses, aunque con una penetración cada vez mayor de población inglesa, el autor desgrana los principales hitos históricos de esta ciudad novelados a su manera, lo que le hace en ciertos momentos alejarse de mi interés, porque sentía que era mucho el proceso de adulteración y en cierta forma de desconcierto que introducía en mis referencias de otras lecturas sobre la historia de Maniatan o Manna hata, el nombre indio que significaba simplemente la isla, como en sus inicios se le denomino a esa punta de lanza que es hoy Manhattan.

Stuyvesant[3] de la ciudad a través de las peripecias de diferentes familias, que no me voy a detener a enunciar y detallar, porque de seguirlas me perdí durante la lectura y casi me hace dejar de leer el libro. que fue su ultimo gobernador holandés que cedió el dominio a los ingleses, tenía una mansión en la parte más meridional de la isla, que le llaman “mansión blanca” y estuvo en el área de grandes pilas de conchas de ostras que los indios usaban para comer y adornarse, que aún persiste en la que denomina “Pearl Street – calle de las perlas”. Casi toda la toponimia del Manhattan antiguo parte de la designación que le asignaron los primeros holandeses, como Brooklyn, que le pusieron el mismo nombre de una localidad próxima a Ámsterdam. Rutherfurd hace la historia.

¿Es, el libro de Rutherfurd, una revisión de la historia de Nueva York, desde sus orígenes hasta nuestros días, mezclando personajes reales e importantes hechos históricos con la pura ficción?… Me hice esta pregunta varias veces, durante la lectura, y es el propio Francis Edward Wintle con seudónimo de Edward Rutherfurd quien define la esencia de sus relatos sobre la historia de esta ciudad, así:

(…) para mí, se trata de la historia de gente ordinaria: indios locales, pobladores holandeses, comerciantes ingleses, esclavos africanos, tenderos alemanes, trabajadores irlandeses, judíos e italianos llegados vía Ellis Island, puertorriqueños, guatemaltecos y chinos, gente de bien y gángsters, mujeres de la calle y damas de alta alcurnia. A estos personajes, la mayoría de ellos anónimos, los descubrí cuando me documentaba para el libro. Eran una milésima parte de todos aquellos que llegaron a Nueva York, a América, en busca de la libertad algo que, la mayoría acabó encontrando.

Rutherfurd se centra en diversos episodios de la historia neoyorkina, con la saga de los Master, procedentes de Boston y emparentada con colonos holandeses (Van Dyck), los anglo-americanos White, los alemanes Keller, los irlandeses O’Donnell, los italianos Caruso, los judíos americanos Adler y los Hudson descendientes de esclavos, como telón de fondo, cubre los hechos más significativos – hitos históricos – como el dominio británico que pretende la colaboración con los colonos holandeses, con personajes como el gobernador travestido Cornbury; los crecientes problemas con la metrópoli a lo largo del siglo XVIII, con la cuestión de la representación y los impuestos; la Guerra de Independencia, cuando Nueva York jugo un papel esencial; la llegada de inmigrantes irlandeses y la configuración de bandas de crimen organizado en Five Points (como narra Martin Scorsese en su film “Gans of New York”); el avance industrial y financiero de la ciudad con la gran banca y sus efectos especulativos en todos los sectores y de todo tipo; la Guerra de Secesión, con la caza de los negros liberados por Lincoln y considerados peligrosos para la población local, más que por el racismo imperante, por la competencia que les hacían en el mercado laboral de la ciudad; la gran expansión urbanística de finales de siglo XIX; el boom migratorio principalmente de italianos, que tras pasar por Ellis Island, lograron conquistar la ciudad en poco tiempo; la crisis bursátil de 1907, anticipo de lo que fue el gran “crash” de 1929; las luchas sindicales y la aparición y penetración de focos de un socialismo incipiente; la configuración de Nueva York como una ciudad con un alto índice de criminalidad y delincuencia en la primera mitad del siglo XX; la burbuja especulativa de finales del XX hasta el gran desastre del ataque terrorista del 11-S y sus consecuencias en todos los órdenes.

Me parece excesivo gastar 944 páginas en tratar de enlazar tan largo trayecto, para recorrer, a saltos – todo sea dicho -, la historia neoyorquina, que con diferentes ángulos y formas de valorar que ya han abordado una centena de libros que existen sobre la historia de NY, sino véase Historias de Nueva York de Enric González, o Ventanas de Manhattan de Antonio Muñoz Molina, o El Nueva York de las películas de Woody Allen, de María Adell y Pau Llavador, o Historias de Nueva York, de O. Henry, con traducción de José Manuel Álvarez Flórez, o New York. Retrato de una ciudad, de Reuel Golden, o Nueva York. La vida en la gran ciudad, de Will Eisner, con traducción de Raúl Sastre, por mencionar solo los escritos o traducidos al español de últimas ediciones o adquisiciones mías. Y no digamos en películas, en las que las de Woody Allen se llevan la palma, con sus películas en y sobre la Gran Manzana, en especial Manhattan que comienza con Rhapsody in blue, de George Gershwin. Y en música de New York, sería interminable, pero basten tres: Autumm in New York, de Billie Holliday; Manhattan, de Lee Wiley, o la archiconocida New York, New York de Frank Sinatra.

En El gran Gatsby, la obra maestra de Scott Fitzgerald, pronunciada por Nick Carraway mientras conduce su coche en dirección a Manhattan y se acerca a la silueta del puente Queensboro que dice: “Cruzando este puente, todo es posible… realmente todo…”. Corría 1925, y sigue siendo igual.

CONTINUARÁ…

Referencias:

[1] La Gran Manzana (The Big Apple) es un sobrenombre o apodo de la ciudad de Nueva York, Estados Unidos de América, aunque la mayoría de los neoyorquinos no lo usan de forma frecuente. Se hizo popular en los años 1920 gracias a John J. Fitz Gerald, periodista deportivo del diario New York Morning Telegraph. Por otro lado, una “gran manzana”. El hipódromo de Nueva York como si fuera la máxima aspiración en el mundo de las carreras de caballos Fue así como se comenzó a hacer referencia a todas las competiciones en la ciudad de Nueva York como “la Gran Manzana”, pues allí se entregaban los premios más grandes.

[2] Manhattan primigenia, la Mannahatta (o isla de las muchas colinas) de los indios

[3] Peter Stuyvesant (Weststellingwerf, Peperga, sur de Frisia, Holanda, c. 1600 – agosto de 1672) fue el último director general holandés de la colonia de Nuevos Países Bajos desde 1647 hasta su cesión provisional a los ingleses en 1664. Fue una figura señera de la historia temprana de la ciudad de Nueva York. Fue una figura del despótica a las órdenes de la Compañía Holandesa. Sus éxitos como director general incluyeron una gran expansión del asentamiento de Nueva Ámsterdam (posteriormente llamada Nueva York) más allá de la punta sur de Manhattan. Entre los proyectos construidos por la administración fueron una muralla de protección en Wall Street, el canal que posteriormente pasó a ser Broad Street, y Broadway.