Otra de libros

MIS IMPRESIONES SOBRE EL LIBRO

 EL PADRE NUESTRO: Una ayuda para vivir de verdad

de Anselm Grün

 Editorial Sal Terrae –(2010) – ISBN:978-84-293-1850-0

El Padre nuestro o Padrenuestro (del latín, Pater Noster) es el nombre de una oración cristiana dada a conocer por Jesús de Nazaret según relatan los evangelios de Mateo (Mt 6:9-13) y de Lucas (Lc 11:1-4). De la diferencia en la descripción de las circunstancias y en el estilo del texto de la oración en ambos autores, derivan las diferentes versiones existentes para cada confesión cristiana.

El tratamiento de padre para dirigirse a Dios era habitual tanto entre los judíos como entre los griegos. Fue Jesús quien nos enseñó a dirigirnos a Dios de una forma muy personal y cariñosa. Fuimos introducidos en su relación con Dios, en su cercanía afectuosa a su Padre y nuestro Padre.

El Padrenuestro es considerada la oración cristiana común por excelencia por las confesiones mayoritarias: para el Catecismo de la Iglesia Católica. Es el resumen de la doctrina cristiana, el modelo de oración cristiana de acuerdo con los protestantes y la oración más perfecta según los ortodoxos.

El Padrenuestro es el camino hacia el centro de nuestra fe y de nuestro ser cristiano. Su significado teológico de oración y trabajo, espiritualidad y acción social, lucha y contemplación, mística y política unida. Porque la oración si no se exterioriza en el obrar, queda sin efecto. Quien no responde con un nuevo comportamiento, no ha entendido lo que significa orar. Porque la oración es el lugar en el que nos ponemos en contacto con nuestra fuente interior, desde la cual podemos después comprometernos a favor de este mundo.

Orar guarda relación con dar limosna, pero no la sustituye. La oración nos abre, nos hace disponibles a ayudar a otro. Solo rezamos correctamente si atendemos también a la dimensión social de nuestro ser cristiano. La oración debe tener lugar en lo escondido, en la habitación del propio corazón.

Cuando rezamos el Padrenuestro, nos hermanamos TODOS, sean cuales fueren su condición. Es la forma de reconocer que somos hermanos, porque tenemos un mismo Padre.

Detente, ¿A dónde corres? El cielo está dentro de ti. Si buscas a Dios en otro sitio, te equivocas de medio a medio” dice el poeta y místico alemán Ángelus Silesius.

Santificado sea tu nombre

Cuando decimos en el Padrenuestro “santificado sea tu nombre” estamos diciendo: “ayúdame con tu gracia a hacerme intachable, justo, temeroso de Dios, un hombre que se abstiene de toda mala acción, que dice la verdad, practica la justicia, camina en la honradez, brilla por la castidad, se adorna con la sabiduría y la mesura, anhela las cosas de arriba, menosprecia lo terreno, lleva una vida angelical[1]. El nombre de Dios es santificado cuando el hombre se deja penetrar por el Espíritu de Dios.

Donde reina Dios hay salvación y redención, allí puede vivir el hombre sobre esta tierra como corresponde a su ser. Si Dios se nos ha acercado, entonces tenemos que mirar al mundo y a nosotros mismos con otros ojos.

Venga a nos ese tu reino

Cuando decimos, “Venga a nos ese tu reino”, estamos pidiendo que venga cada vez más a nosotros y penetre en todas las zonas de nuestra alma, y que repercuta también en nuestra vida común, que se haga visible en el mundo entero. Cuando rogamos que venga el Reino de Dios, está también implícito el deseo de que todos los demás reinos hayan quedado fuera. El Reino de Dios debe establecerse en este mundo por nuestro actuar.

En su interpretación del aspecto social del Padrenuestro, el teólogo de la liberación Leonardo Boff [2]dice:

Santificamos el nombre de Dios cuando por medio de nuestra vida, de nuestro modo de actuar solidario, contribuimos a suscitar relaciones humanas más justas y santas, que acaben con la violencia y la explotación del hombre por el hombre. A Dios se le ofende siempre que se ofende a su imagen y semejanza, que es el ser humano, y se le santifica siempre que se restablece la dignidad humana de los expropiados y maltratados” y sigue diciendo (Boff 87): “Quien está dispuesto a luchar junto con los oprimidos por su libertad encarcelada, santifica a Dios en el ruedo de la historia. Quien se solidariza con las clases no privilegiadas, participa en el desarrollo social y ayuda, sin odio destructivo, a entretejer lazos más firmes de fraternidad en la estructura social, santifica el santísimo nombre de Dios

Los cristianos tenemos una responsabilidad para con el mundo. Cuando se vive según la palabra de Jesús, se tiene que tener repercusiones en nuestro entorno. El comportamiento de los cristianos hace visible el Reino de Dios a los hombres en este mundo, de ahí la importancia de papel social, ético, y moral de los cristianos. Los cristianos tienen en su espiritualidad una responsabilidad para con el mundo. Dejando que brille en nuestros corazones la luz de Cristo, resplandecerá en nuestros pensamientos, en nuestro hablar, en nuestro actuar y entonces el mundo a nuestro alrededor se volverá más luminoso, más humano y más cristiano.

Hágase tu voluntad aquí en la tierra como en el cielo

Cuando decimos en el Padrenuestro “Hágase tu voluntad aquí en la tierra como en el cielo” es una manifestación de lucha con el Padre para que yo no siga queriendo imponer mis ideas, sino que la imagen que Dios tiene de mí y de mi verdadero ser se haga reconocible y se realice en mí. Nosotros tenemos diferentes niveles de voluntad, una voluntad superficial, que se rige por nuestro gusto y capricho, sin embargo cuando entramos en la profundidad de nuestra alma, de nuestro ser donde percibimos con exactitud lo que nos hace bien, entonces en esa voluntad profunda, la voluntad de Dios y la nuestra son idénticas. La petición de que se haga la voluntad de Dios es, un camino hacia la comunión profunda con Jesús que siempre fue obediente a la voluntad del Padre.

Hágase tu voluntad…”, no es resignación, es confianza, en que la voluntad de Dios es lo mejor para nosotros, o para por aquellos que rezamos. Con esa petición, expresamos nuestro deseo de crecer cada vez más según el modo de comportarse de Jesús.

Danos hoy nuestro pan de cada día

En las últimas peticiones del Padrenuestro, se trata de nuestras necesidades personales. “Danos hoy nuestro pan de cada día”, es el reconocimiento de que en nuestras necesidades materiales también dependemos de la ayuda de Dios. La petición del pan de cada día quiere fortalecer nuestra esperanza en que Dios cuidara de ello. En la oración rezamos para que todos los hombres de esta tierra tengan qué comer, para el aseguramiento por parte de Dios también para el futuro.  Así rezamos no solo los pobres y hambrientos, sino las familias más asentadas económicamente, los que tienen responsabilidades sobre otros, en definitiva TODOS.

Boff[3] reclama cuando dice: “El pan, que se produce en común, debe ser también repartido en común y comido en común. Solo entonces podemos verdaderamente rogar por nuestro pan cotidiano. Dios no escucha la oración en la que pido pan solo para mí mismo”.

Debemos pedir nuestro pan cotidiano con la confianza de que Dios cuida de nosotros. No debemos pedir con angustia. Más bien, la oración quiere introducirnos en la confianza de que estamos en manos de Dios.

Perdona nuestras ofensas, así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden…[4]

 El Padrenuestro nos desafía no solo a creer en el perdón, sino a perdonar también nosotros a nuestros hermanos y hermanas. No se trata de perdonar con la boca chica, porque ese no es el perdón que exige el Padrenuestro, sino con el corazón.  “Como en los demás casos el bien se realiza en nosotros mediante la imitación de Dios, así podemos atrevernos a esperar en este caso que Dios imitará nuestro ejemplo”[5].

A menudo necesitamos mucho tiempo hasta que podamos perdonar de todo corazón. Primero tenemos que admitir el dolor, tenemos que distanciarnos del que nos ha ofendido y, tenemos que entender lo que ha sucedido en la ofensa, para después y solo entonces poder perdonar. En el Padrenuestro confesamos nuestra voluntad de perdonar. El perdón es, en primer lugar, un acto de liberación. Este efecto positivo lo tiene el Padrenuestro también en la familia. Cuando los miembros de la familia rezan juntos el Padrenuestro, esto limpia la atmosfera, se disipan las ofensas y permiten acercarnos unos a otros de nuevo.

Pedro pregunta a Jesús cuantas veces debe perdonar a su hermano y, piensa que sería ya generoso si perdona siete veces. Pero Jesús le responde: “No siete veces, sino setenta y siete veces” (Mt 18,22)[6].

No nos dejes caer en tentación

Aquí el trasfondo del Padrenuestro es una petición a Dios que nos asista, que nos ayude para que no seamos conducidos a la tentación por nuestros propios deseos y por nuestras propias debilidades.

¿Qué se entiende por tentación? Los monjes antiguos valoraban la tentación como prueba de la persona: igual que la tormenta obliga al árbol a hundir sus raíces cada vez más profundamente en la tierra, así la tentación fortalece al monje en su lucha por el bien. La tentación es como los lados oscuros que quieren tirar de nosotros hacia abajo. Hoy distinguimos entre tentación e inquietud. Con la inquietud debemos luchar, porque por medio de este combate nos haremos más probados y más fuertes. La tentación, mejor que la evitemos, porque es como un remolino que nos arrastra hacia abajo y quiere engullirnos.

En nuestro mundo actual, las tentaciones tienen múltiples manifestaciones para el hombre. La tentación del camino ancho y el camino estrecho. Esta tentación que tiene muchas acepciones, “camino ancho”, camino fácil, el camino por donde van otros, el facilismo, etc., etc. El camino estrecho, el camino propio, el del esfuerzo y los verdaderos valores, camino personal de cada uno en la vida y hacia Dios. En nuestra sociedad de hoy, en la que se recomiendan todos los caminos de salvación posible, la petición de ser protegidos de la tentación, es pedir a Dios que nos de claridad de cómo lograr nuestra vida, que nos ayude a reconocer los falsos profetas, etc., etc. La tentación de camino espiritual para colocarse por encima de los demás. La tentación del poder y la propiedad. Muchas son las tentaciones en la vida cotidiana moderna, a las que nuestra petición al Padre tiene vigencia.

Líbranos del mal

Con esta petición llegamos a siete en el Padrenuestro, y el siete es un número mágico, simbólico, porque siete es el número de la transformación. Por medio del Padrenuestro queremos ser transformados cada vez más en la persona de Jesús y llenarnos de su Espíritu.

En el Padrenuestro pedimos que Dios nos libre, nos salve del mal. Esta visión más realista del mundo. En él nos encontramos con el mal, una realidad con la que tenemos que contar en nuestras vidas.

En esta petición reconocemos nuestra angustia a Dios, a nuestro Padre, llenos de confianza, para que él nos guarde en su amor en medio de las turbulencias y los peligros de nuestra vida. La misma oración del Padrenuestro, debe ser refugio que nos proteja del mal.

 

Referencias:

[1] (cit. En Bader 23) Gregorio de Niza, doctor de la Iglesia del siglo IV.

[2]  Boff 85-86  El Padrenuestro, la oración de la liberación integral. Paulinas. Madrid 1982

[3] Boff 129 El Padrenuestro, la oración de la liberación integral. Paulinas. Madrid 1982

[4] La versión original de Perdónanos nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores, que se sigue utilizando en muchos países por ser una traducción más fiel al texto griego, y que en España se ha sustituido por “nuestras ofensas…a los que nos ofenden” …

[5] “Vater Unser. Stimmen un Variationen zum Gebet des Herrn” (Father ours. Voices un variations for the prayer of the gentleman). Bader, W. Munich 1999.

[6] Esta respuesta significa, en el fondo, perdonar siempre, porque setenta y siete es, según la comprensión de entonces, un número ilimitado.