Mis IMPRESIONES del Libro: «POR QUÉ UCRANIA» de Noam Chomsky

SINOPSIS

En este libro, Noam Chomsky expone las causas de la invasión de Ucrania iniciada por Rusia en febrero de 2022, partiendo de dos premisas fundamentales: por un lado, estamos ante «un grave crimen de guerra por el que hay que buscar explicaciones, pero que no tiene ni justificaciones ni atenuantes»; por el otro, estamos asistiendo a un movimiento expansivo de la OTAN hacia el este, que merece ser destacado y analizado.
A lo largo de ocho entrevistas que citan documentos confidenciales y explican las dinámicas más complejas de las relaciones entre Rusia, Estados Unidos, la Alianza Atlántica, la UE y China, Chomsky ofrece al lector lo que los medios de comunicación raramente logran proporcionar: la posibilidad de comprender las razones más profundas del conflicto y lo que en ello está en juego, reflexionando a la vez sobre las consecuencias y las reacciones a nivel económico, político y militar en el resto del mundo.
Acompañan las entrevistas unos textos del politólogo Pablo Bustinduy, cuyo foco analítico se centra en el papel de Europa ante la guerra ruso-ucraniana y en la necesidad de la UE de encontrar su lugar dentro del nuevo orden internacional del siglo XXI.

MIS IMPRESIONES

Cuando se dé una entrevista, un artículo o un libro de Noam Chomsky trato de conseguirle y leerlo, porque siempre aprendo, siempre me hace reflexionar, siempre deja huellas en mí. Es un profundo pensador, lingüista, filosofo, politólogo y activista norteamericano de origen judío y catedrático emérito del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) una de las universidades de referencia a nivel mundial. Había leído con anterioridad un artículo en Público que hablaba de esta obra de “Por qué Ucrania” (Altamarea) y no demore en comprarle para leerle, con mis subrayados y marcas al margen habituales en estos tipos de obras, que me obligan a buscar referencias y ampliar o precisar conceptos, cuando no pocas veces releer para tratar de captar el verdadero concepto que trata de trasmitirnos el autor.

Basta empezar a leer sus primeras paginas para darse cuenta del papel clave de apoyo de Occidente y en especial de Estados Unidos en el suministro de armas y ayudas para la seguridad que ha tenido Ucrania desde 2014. Nadie quiso hacer oídos validos o apoyar un acuerdo pacifico en consonancia con los acuerdos de Minsk II. Si Estados Unidos hubiera apoyado ese camino de la paz, quizás se hubiera evitado una horrible invasión.
Estados Unidos se negó y prefirió seguir con su política de expansión de la OTAN, que incluye la adhesión de Ucrania, sin respetar las líneas rojas que trazó Moscú y los consejos de diplomáticos alto rango: la OTAN no debe expandirse hacia el este. Zelenski, sensatamente, propuso dejar el asunto de Crimea para más adelante, una vez acabada la guerra. Este pudiera ser el resumen de las ocho entrevistas que componen este pequeño pero enjundioso libro, en las que Noam Chomsky indaga en las razones profundas que hay detrás de la guerra de Ucrania.

En la entrevista del 13.12.2018 a la periodista Valentina Nicoli, dice Chomsky: “Hoy por hoy, la única solución es trabajar para que Ucrania mantenga una posición neutral al estilo austriaco. Esto implica que Estados Unidos renuncia a un estilo de hacer política consolidado desde los años cincuenta y se siente a la mesa en la que se negocia la paz”.

Chomsky se pronuncia en la entrevista sobre Europa, y dice: “Europa, en otros tiempos, era un conjunto de países independientes. El proceso de construcción de la UE a partir de la II Guerra Mundial ha tenido, por un lado, consecuencias positivas y constructivas. Por el otro – y sobre todo después del tratado de Maastricht-, sucede que no son coherentes con el desarrollo y el progreso. Así, sucede sencillamente que la Eurozona no da a los Estados-naciones la posibilidad de actuar fuera del control de fuerzas con las que no pueden competir. […] Las dos naciones más grandes de la UE, Alemania y Francia, que durante siglos se han masacrado entre ellas, pero ahora no pueden hacerlo. Luego había que poner orden en las fricciones posibles. […] Las dos mayores potencias nucleares, Estados Unidos y Rusia, eran muy diferentes por lo que respecta al poder económico y radio de acción – e incluso a nivel de desarrollo-, pero después de los años sesenta estaban más o menos equilibradas en capacidad de destruir el planeta. Y es casi milagroso que hayamos sobrevivido. […] Así, la única pregunta era: ¿Cómo hacer que avance Europa en un mundo de esas características? Y si, es cierto, una de las opciones era unirse a la OTAN, sustancialmente controlada por Estados Unidos”:

Estados Unidos tenían que Europa pudiera llegar a ser una “tercera fuerza”, un actor independiente en los asuntos internacionales, como la Europa de De Gaulle, que iba del Atlántico a los Urales, como la Ostpolitik de Willy Brandt, y otros intentos de construir algo nuevo, una Europa más independiente. Por otro lado, estaba la opinión de Estados Unidos, que era muy diferente. Y se hizo patente cuando toco decidir el destino de Alemania unida: era la cuestión principal. […] Hubo un acuerdo, un acuerdo verbal entre George Bush padre, James Baker y otros políticos estadounidenses por un lado y, por el otro, Mijaíl Gorbachov. El pacto era que Alemania podía ser unificada e incluso militarizada, lo que desde el punto de vista de Rusia era una concesión increíble. Vayamos a la historia moderna: en los últimos siglos, Alemania, ella sola, devastó mas de una vez Rusia, que sobrevivió con dificultad. Llega Gorbachov y permite la reunificación alemana y, por si fuera poco, que entre en la OTAN, una alianza hostil a Rusia”.[…] La condición era que las fuerzas de la OTAN no se movieran “ni un centímetro hacia el este” (“one inch to the East”). Aquella fue la promesa del secretario de Estado, James Baker, a Gorbachov.”

La OTAN no solo no se disolvió: la justificación oficial carecía de sentido. En cambio, se amplió, y no solo a nivel territorial, sino en el tipo de misiones que debía cumplir, convirtiéndose, sustancialmente, en una fuerza de asalto comandada por Estados Unidos, que “no respeta lo más mínimo el derecho internacional”

En síntesis: llego un momento en que la OTAN cambio su función, que paso de ser defensa, en teoría, de Europa occidental al control del sistema energético mundial, además de ser fuerza de intervención militar de Estados Unidos. En términos geopolíticos precisa Chomsky, la OTAN puede intervenir militarmente en la que ella define su área de jurisdicción – que puede ser el mundo entero -, sin la autorización del Consejo de Seguridad.

Reitera Chomsky, “pienso que Europa tiene posibilidad de moverse en una dirección independiente, pero no la ha elegido nunca y hoy, que hay consistentes fallas internas, le resulta mucho más difícil hacerlo”.

Ante la pregunta: “En Europa faltan organismos políticos capaces de gestionar esta nueva dirección política…. Como ha constatado, existen instituciones opacas y no oficiales – el Eurogrupo, el Consejo Europeo…- que toman decisiones a nivel centralizado sin consenso popular, sin que los ciudadanos europeos puedan aprobarlas, sin ningún tipo de proceso democrático”… Chomsky dice: “El funcionamiento actual es radicalmente antidemocrático”. Así las decisiones que controlan los programas sociales y políticos en general, las medidas económicas de Europa, las toman fundamentalmente grupos no electos. La Troika no la ha elegido nadie; la Comisión Europea no es un órgano electo, no lo son el Banco Central Europeo ni, obviamente, el Fondo Monetario Internacional”.

En la estructura de este pequeño libro, se dedica un Capítulo  a “El irracional modo de actuar de Estados Unidos”, que comienza con la pregunta del entrevistador sobre ¿No sería mas correcto, pues, decir que la crisis fronteriza ruso-ucrania deriva de la intrascendencia estadounidense acerca de la adhesión de Ucrania a la OTAN? En ese contexto, es difícil imaginar cuál sería la reacción de Washington al hipotético deseo de México de ingresar en una alianza militar capitaneada por los rusos… Chomsky responde: Ningún país osaría una cosa semejante en lo que Henry Stimson, ministro de la Guerra del presidente D.D. Roosevelt llamó “ese predio que tenemos ahí abajo”. Es semejante al razonamiento actual de Anthony Blinken cuando condena la pretensión rusa de tener “zona de influencia” concepto que repudiamos con firmeza, excepto si se trata de la nuestra.
Ya tuvimos un ejemplo famoso, dice Chomsky, cuando un país cercano a “nuestro predio” estaba a punto de aliarse con la Unión Soviética, -habla de la crisis de los misiles de 1962- aunque las circunstancias son muy diferentes a las de hoy en Ucrania. El presidente J. F. Kennedy intensificaba la guerra terrorista contra Cuba, y llego a amenazarla con invadirla.

Rusia adopto una posición muy clara, confirmada por su ministro de Asuntos Exteriores, Serguéi Lavrov, en la ONU: “Nuestra opinión sobre el punto fundamental esta clara desde hace tiempo: las sucesivas expansiones de la OTAN hacia el este son inadmisibles, como lo es el desplazamiento de armas de ataque capaces de amenazar el territorio de la Federación Rusa”.

En el 50 aniversario de la OTAN, Clinton acepto en la OTAN a Polonia, a Hungría y a la Republica Checa. G. W. Bush, admitió más aliados, entre ellos los países bálticos. En 2008 se invitó a Ucrania a sumarse a la OTAN, y se despertó el oso aletargado. Ucrania podría representar el mismo papel que tuvieron Austria y algunos países nórdicos durante la guerra fría: ser neutrales, dice Chomsky. ¡Pero Estados Unidos rechaza esta posibilidad y proclama una apasionada devoción a la soberanía de las naciones, que no puede ser violada: el derecho de Ucrania a adherirse a la OTAN ha de ser salvaguardado!

El mundo nos conoce (a EE. UU.) como modelo de devoción al respeto a la soberanía, sobre todo en los tres casos que, más que otros han enfadado a Rusia: Irak, Libia y Kosovo-Serbia, realizados con virtuosa terminología humanitaria, cuya falsedad queda al descubierto con un atento examen, dice el filósofo. El historiador Richard Sakwa ha observado que “la existencia de la OTAN se justifica por la necesidad de gestionar las amenazas que provoca su ampliación”.

Nos esforzamos por entender lo que mueve a Putin a comportarse como se comporta, pero raramente nos preguntamos por las razones que mueven a Estados Unidos. Parece que hemos olvidado el celebre eslogan sobre los objetivos de la OTAN en Europa: “Tener a Rusia lejos, a Alemania tranquila y a Estados Unidos dentro”.

Es conocido el encuentro entre Putin y Xi Jinping el 4 de febrero de 2022 con motivo de la apertura de los Juegos Olímpicos, un acontecimiento de enorme importancia para los asuntos internacionales dice Chomsky. The New York Times narraba el acontecimiento en un artículo de primera pagina bajo el título “El Nuevo Eje”, es una alusión no demasiado velada. En el articulo se declaraban las verdaderas intenciones de las potencias del Eje. Se dice que el Nuevo Eje afirma que “un país poderoso debería poder imponer su voluntad dentro de la que es su área de influencia. El país poderoso debería ser capaz de deponer un Gobierno vecino más débil sin que el mundo se interponga”, una idea que Estados Unidos ha aborrecido siempre, como nos revela, evidentemente, la historia. Hace 25 siglos, el oráculo de Delfos pronuncio esta máxima: “Conócete a ti mismo”, quizás sea el momento de recordarla, subraya Chomsky.

Afortunadamente para el mundo, dice Chomsky, Washington se mantiene firme a la hora de defender lo que es justo, aunque se haya quedado aislado, como cuando invade noblemente a Irak y estrangula Cuba no obstante la casi unánime oposición internacional, por recordar solo dos de los muchísimos ejemplos.

Las contradicciones generadas por el orden atlántico en Europa, en el que Estados Unidos reina como monarca absoluto, dice Chomsky, ha tenido implicaciones políticas que van más allá de Europa. Un ejemplo emblemático fue Chile en 1973, en la época en que Estados Unidos hizo todo lo posible por derrocar un Gobierno democrático, lo consiguió implantando la violenta dictadura de Pinochet.

Con China tiene fricciones. China viola con frecuencia el derecho internacional en los mares de la zona, pero como EE.UU. es el único país con mar que rechazado ratificar la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, no debería tener fuerzas para objetar. Estados Unidos no reduce el problema cuando envía su flota a las aguas cercanas a China o provee a Australia con una flota de submarinos atómicos para reforzar su superioridad militar en el mar de China.
En los primeros puestos de la clasificación de beneficiarios de las ayudas militares de de Estados Unidos, están: Israel y Egipto, cuyas relaciones con los derechos humanos es digna de revisarse en Human Rights Watch, y a Egipto lo gobierna ahora la peor dictadura que haya visto su tormentosa historia.

En la crisis ucraniana, no debe olvidarse: la larga batalla entre Estados Unidos y Rusia por el control de la energía europea, que hoy vuelve a ocupar las primeras páginas de los periódicos. Los expertos en política estadounidense siempre supieron que el control de los recursos energéticos iba a garantizar un “severo control estratégico” sobre los aliados. Desde la Segunda Guerra Mundial, para Washington ha habido solo una solución aceptable: un orden global sometido a su liderazgo. Han logrado que “el orden mundial basado en las leyes” sea admitido y concebido como “el orden basado en las leyes, pero el que dicta las leyes es Estados Unidos”, convirtiéndose en los AMOS DE LA HUMANIDAD. Sino véase el empleo del uso de la fuerza en los asuntos internacionales, una forma de actuar en la que Estados Unidos ostenta el liderazgo absoluto.

El 4 de febrero de 2022 The New York Times en su primera pagina escribe: “El Congreso aprueba una ley que destina miles de millones a la investigación para competir con China”.

Es innegable que China es una superpotencia emergente que hace la competencia a Estados Unidos. Haciendo referencia a un estudio del Belfer Center of International Affairs de Harvard, Graham T. Allison ha afirmado que la que define como “trampa de Tucídides” podría llevar a una guerra Estados Unidos-China”

Para Chomsky, Estados Unidos no ha inventado la brutalidad imperial de Occidente. La riqueza y el poder planetarios de Gran Bretaña provienen de la piratería, de la depredación de India […] de la mayor red de narcotráfico mundial y de otros actos semejantes. Francia no fue muy diferente. Bélgica batió todos los récords mundiales de atrocidad criminal. La China de hoy no es mucho mas amable dentro de su, aunque limitado, radio de acción. Es difícil encontrar excepciones.

El proyecto mas ambicioso de China es la Nueva Ruta de la Seda (NRS), amparada por la Organización para la Cooperación de Shanghái, que engloba países de Asia Central: India, Pakistán, Rusia y, ahora, incluso Irán o Turquía, hasta llegar a algunos Estados de Europa del Este. La NRS tiene ramales en Oriente Próximo, Israel incluido. Existen programas de ayuda en África y ahora, incluso en America Latina, a pesar de la férrea oposición de Estados Unidos. China se hará cargo de las instalaciones que Ford dejó abandonadas en Sao Paulo y que dedicara a la producción a gran escala de coches eléctricos, sector en el que China es vanguardista. Muy diferente a la forma en que F. Dulles analizo en su día el problema que tenia Estados Unidos con Brasil, cuando ante el Consejo de Seguridad Nacional dijo: “Los dirigentes políticos “son como niños, carecen de la capacidad de autogestionarse”. Aún peor: según sus palabras, “Estados Unidos lleva demasiado retraso (entonces) respecto a los soviéticos por lo que se refiere a las técnicas para controlar la mente y las emociones de los pueblos primitivos (unsophisticated peoples)”

En la problemática de tener rodeada a China, de “una cadena ininterrumpida de Estados centinela armados por los Estados Unidos que vaya de Japón y Corea del Sur en el Pacifico septentrional hasta Australia, Filipinas, Tailandia y Singapur en el sur, además de India en el flanco oriental de China” A esta idea de Biden, Michael Klare, analista en asuntos militares, dijo: “Un dato en verdad alarmante es que incluso Taiwán entra en la categoría de Estado centinela armado”. China, obviamente, considera a Taiwán territorio chino. Y también Estados Unidos, de hecho. La política oficial estadounidense reconoce Taiwán como parte de China, con un acuerdo tácito que dice que no se tomaran medidas para modificar el estatus actual con el uso de la fuerza. Donald Trump y el secretario de Estado Mike Pompeo desvirtuaron el acuerdo, y ahora se encuentra al borde del precipicio. El autor precisa que “Un paso hacia la irracionalidad total se dio el 27 de diciembre de 2021, quizás para celebrar la Navidad (irónicamente), cuando el presidente Biden firmó la National Defense Authorization Act, que potencia la política que pretende “cercar” China; la palabra “contención” ha quedado obsoleta, precisa. La ley prevé la formación del Diálogo Cuadrilateral de Seguridad (QUAD), una alianza estratégica entre Estados Unidos, India, Japón y Australia que integra AUKUS (Australia, Reino Unidos y Estados Unidos) y los Cinco Ojos (Five Eyes) del antiguo imperio colonial británico: todas son alianzas estratégicas para contrarrestar a China.

El Capitulo IV “Nadie vencerá en caso de escalada militar”, el autor aborda como la invasión rusa de Ucrania ha cogido a todos por sorpresa y provocado una ola de preocupación en el mundo. Y antes de responder a la pregunta de ¿Por qué cree usted que ha decidido lanzar la ofensiva en este momento?, precisa algunos datos incontestables. El mas importante de todos es que la invasión rusa de Ucrania es un grave crimen de guerra, semejante al de la invasión estadounidense de Irak o la de Hitler-Stalin de Polonia en 1939, solo por poner dos ejemplos emblemáticos. La crisis actual no se hubiera desencadenado si la Alianza Atlantic amo se hubiera expandido una vez acabada la Guerra Fría o, cuando menos, si esta expansión se hubiese hecho en armonía y construcción de una estructura de seguridad en Europa que incluyese a Rusia, como lo recoge J.F. Marlock Jr., en Defend Democracy Press el 14.2.2022, quien subraya ¿“Tan pronto hemos olvidado la lección aprendida con la crisis de los misiles de Cuba?

En palabras llanas, dice el autor: “esta crisis se cocía desde hacia veinticinco años, tiempo en el que Estados Unidos ignoró con desdén las alarmas de Rusia por lo que respecta a su seguridad y a las líneas rojas que no se debían cruzar: Georgia y, aun menos Ucrania”.

Todos debemos trabajar unidos, dice el autor, para tener controlada la catástrofe que es también la devastación del medio ambiente… todos los recursos indispensables se destinan ahora a la destrucción y mantienen como imprescindibles los combustibles fósiles, incluido el más peligroso, económico y abundante: el carbón.

Sobre las alegaciones de Putin a la invasión, el autor precisa: No hay nada que decir sobre el intento de Putin de buscar una justificación jurídica a su agresión: su valor es igual a cero. Y continua: “Si, es cierto que Estados Unidos y sus aliados violan el derecho internacional sin pestañear, pero esto no sirve de atenuante a los crímenes de Putin. Sin embargo, es innegable que lo de Kosovo, Irak y Libia ha tenido repercusiones directas en el conflicto de Ucrania”.

En el Capítulo V “Los riesgos incalculables de una zona no-fly” el autor responde a una preguntas sobre la nueva estructura normativa global. Las grandes potencias violan constantemente el derecho constitucional, y ejemplariza: «Israel se anexionó ilegalmente los altos del Golán sirios y la Gran Jerusalén«, todo ello con la aquiescencia de Washington y el beneplácito de Donald Trump, que incluso autorizó la anexión ilegal del Sahara Occidental a Marruecos. Y sigue diciendo: «La agresión de una superpotencia ni siquiera llega al Consejo de Seguridad: las guerras estadounidenses en Indochina, la invasión anglo-americana de Irak, la invasión de Ucrania por Putin, por poner tres ejemplos de manual del «máximo crimen internacional«, que llevó a la horca a los nazis en Nuremberg. Para ser más exactos, precisa, Estados Unidos es intocable. Por lo menos a los crímenes rusos se le dedica más atención.

El desprecio con el que tratan las grandes potencias el marco jurídico internacional esta generalizado que pasa casi inobservado. En 1986 el Tribunal internacional de Justicia condenó a Washington por la guerra terrorista (en jerga jurídica: “uso ilegal de la fuerza”) contra Nicaragua, y ordenó que desistiera o que pagara indemnizaciones considerables. Estados Unidos no sólo desoyó desdeñosamente la condena (con el apoyo de la prensa liberal), sino que intensificó los ataques. El Consejo de Seguridad de la ONU trató de contratacar, pero Estados Unidos vetó la resolución y proclamaron alto y claro que son inmunes al derecho internacional.

El articulo VI de la Constitución de Estados Unidos establece que la Carta de la Naciones Unidas es “la ley suprema del país” y, por tanto, es vinculante para todos los políticos electos, incluidos los presidentes que recurren a la amenaza de la fuerza (“barajamos todas las posibilidades, todas las puertas están abiertas”), que la Carta prohíbe. Pero en EE. UU., parece obligado rechazar el orden internacional basado en NN.UU. en favor de un “orden mundial basado en las leyes”, siempre que sea Estados Unidos quien las dicte.

El derecho internacional no veta la practica en la que EE. UU. es especialista: sanciones asesinas con las que se castiga todo “desafío victorioso” y tampoco la apropiación de fondos afganos (o de cualquier otro país – vgr. Cuba) mientras el pueblo se enfrenta a una escasez terrible. Tampoco prohíbe torturar a un millón de niños en Gaza o enviar un millón de uigures a “campos de reeducación”. Y más, mucho mas.

Son problemas que reaparecen siempre, de una forma u otra. Hasta un día antes de la invasión de Ucrania, es mas que probable que esta guerra criminal se hubiera podido evitar de haber seguido caminos ya conocidos: una neutralidad al estilo austriaco y un esquema mas o menos federal según el modelo propuesto en los acuerdos de Minsk II.

Putin se ha dejado llevar por el instinto que impulsa a la violencia, por mucho que existieran soluciones pacíficas. Es verdad que Estados Unidos ha ignorado repetidamente las legitimas preocupaciones rusas acerca de su seguridad, pero Rusia podía haber intentado opciones diferentes a la violencia criminal. La OSCE[1] habían apreciado un fuerte aumento de la violencia en la región del Donbás, violencia que no solo Rusia denunciaba con origen ucraniano. Putin pudiera haber intentado un sistema europeo (“casa común europea”) sin alianzas militares que vaya del Atlantic a los Urales, y que sustituya el sistema atlantista de subordinación a Washington a través de la OTAN. Putin con su invasión, ha conseguido afianzar el sistema atlántico, dice el autor, no “conseguir la desmilitarización y el estatus neutral de Ucrania

Hoy estamos inmersos en pronunciamientos y acciones, que como redoblar de tambores llaman a amas guerra – “guerra llama a guerra”. Cuando se envían refuerzos de medios de combates y municiones, cuando se entrenan y equipan a soldados para el combate, de infantería, de blindados, de artillería o medios aéreos, no estamos llamando a la PAZ, estamos alentando, estimulando, fortaleciendo la confrontación, LA GUERRA.

El autor subraya, que para una solución pacífica: “una neutralidad de estilo austriaco y un esquema mas o menos federal según el modelo propuesto en los acuerdos de Minsk II, que refleje la relación que tienen los ucranios con su territorio”. Una solución posible, pero presupone algo utópico, un mundo racional, sin el maravilloso regalo que le ha hecho Putin: una Europa completamente subordinada, sin pájaros en la cabeza que la animen a escapar del control del amo y señor.

Termina este capitulo con una respuesta a la de si China pudiera ser la única superpotencia capaz de detener la guerra en Ucrania, diciendo: “China podría intentar asumir este papel, pero no parece probable”. Sus analistas tienen reservas, saben como se hubiera podido evitar la guerra, saben las intenciones de Washington, y los verderos objetivos de Putin, y no creen que vayan a obtener beneficios si participan en ese jaleo.

China sabe también que los países no alienados no ven con buenos ojos “el fin de la Madre Rusia”. Estos países pueden comprender, por supuesto, el horror que conlleva la invasión, pero sus experiencias no coinciden con las de Europa o las de Estados Unidos. Los países del tercer mundo, al fin y al cabo, han sido  objetivo histórico de la brutalidad europea y estadounidense, y si las comparan con lo que sufre Ucrania, esta queda relativizada. Estas experiencias y estos recuerdos, además, los comparte China que no olvida el “siglo de las humillaciones”, y podríamos seguir dando razones. Si Occidente ha elegido no reparar en todo esto, China sí lo hace.

[1] La Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), que pretende ejercer de mediador entre los estados miembros en tareas relacionadas con la prevención y gestión de conflictos, de modo que estimule un ambiente de confianza encaminado hacia la mejora de la seguridad colectiva.