Mis IMPRESIONES del Libro «LA (DES)EDUCACION» de Noam Chomsky

SINOPSIS

A Noam Chomsky se le reconoce mundialmente como uno de los grandes intelectuales y educadores del siglo XX. Y, sin embargo, hasta ahora no se habían recogido en ningún libro sus escritos sobre la educación y la deseducación de los ciudadanos. En éste, el gran lingüista norteamericano critica duramente nuestro actual sistema de enseñanza. Frente a la idea de que en nuestras escuelas se enseñan los valores democráticos, lo que realmente existe es un modelo colonial de enseñanza diseñado primordialmente para formar profesores cuya dimensión intelectual quede devaluada y sea sustituida por un complejo de procedimientos y técnicas; un modelo que impide el pensamiento crítico e independiente, que no permite razonar sobre lo que se oculta tras las explicaciones y que, por ello mismo, fija estas explicaciones como las únicas posibles. Raras veces los profesores piden a los alumnos que analicen las estructuras políticas y sociales que informan sus vidas. Raramente se insta a los estudiantes a que descubran la verdad por sí mismos. En este libro, Chomsky nos proporciona excelentes herramientas para desmontar este tipo de enseñanza pensada para la domesticación de los ciudadanos: si los educadores rechazan el adiestramiento tecnocrático que les desintelectualiza para convertirse en intelectuales auténticos que denuncien la hipocresía, las injusticias sociales y la miseria humana, conseguirán que los estudiantes asuman el reto de ensanchar los horizontes de la democracia y de la ciudadanía y, junto a ellos, trabajarán para construir un mundo menos discriminatorio, más democrático, menos deshumanizado y más justo.

MIS IMPRESIONES

Acumulo varios libros de Chomsky[1] sobre mi mesa en espera de MIS IMPRESIONES, pero el trabajo se me acumula, y más en este periodo de recuperación de mi salud, tras lo que denomino, mi vía crucis de la extirpación del carcinoma nasal[2], que desde hace algún tiempo adolecía y en los primeros días de enero, me extirparon, y hoy después de dos meses largos de curas y cuidados me han dado el “alta”, con indicaciones precisas de atenciones médicas de rehabilitación y cuidos, afectando o retardando mis habituales trabajos de crónicas de diferentes campos de interés.

Este pequeño/gran libro está estructurado en 5 partes, cada cual con sus riquezas escondidas entre letras y referencias de gran valor. En aras de centrar el focus de mi atención en estas IMPRESIONES, solo me referiré a mis subrayados de los capítulos 3 “El arte de la maquinación histórica” y 5 “La pedagogía de las mentiras (un debate con John Silber)”, que muestran a un Chomsky rotundo y acertado, como siempre, con fuerzas de argumentos aplastantes.

En el arte de la maquinación histórica el lingüista, filosofo y politólogo del MIT comienza con una sentencia: “La vocación de maquinar planes que dirijan el curso de la historia es tan vieja como la vida misma, y los Estados Unidos la elevaron al rango de responsabilidad profesional a partir de su entrada en la primera guerra mundial”. Hay muchos ejemplos desarrollados desde entonces, baste recordar como ejemplos ilustrativos, de proyecto conjunto del gobierno y los medios de comunicación, realizado en los 80’s.

Ya nos queda muy lejos, pero los que peinamos canas, recordamos con asombro como se instrumentó la “demonización de los sandinistas” desde los primeros días del triunfo de 1979. Los acusaron, sin pruebas, de haber suministrado armas para un ataque del M-19 contra el Palacio de Justicia de Colombia, en noviembre de 1985. En los primeros días de 1986, el New York Times publicaba artículos incriminando a Nicaragua, desmentidos por el propio ministerio de asuntos exteriores colombiano. O en la columna de Elliot Abrams de Times, que se repetían las incriminaciones, aunque tanto Abrams como los editores sabían de su falsedad[3]. Ignorando la escala y el carácter de la ayuda que prestan los EE. UU. a la contra y su implicación directa en los actos de terrorismo.

Los Estados Unidos son un poder global y, por tanto, cuentan con la capacidad de construir sistemas muy refinados de terrorismo y corrupción, utilizando para ello a sus estados clientes y mercenarios, así como su tradicional vinculación con el terrorismo internacional y los sindicatos del crimen. Los funcionarios de las embajadas de AID[4] , a la vez son de la CIA. Dentro de sus objetivos esta entorpecer los proyectos o que no puedan desarrollarles.

En los Estados Unidos suele sostenerse que los “americanos tendemos a flagelarnos respecto a varios aspectos de nuestra política y nuestras acciones que nos parecen reprobable”.

En el apartado “Los medios y la opinión pública internacional”, el autor enfoca el trato en los medios y pone al descubierto una tendencia más general: en los últimos años, los Estados Unidos encabezan con diferencia la lista de los vetos a las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU. Los EE. UU. también se han quedado solos, o acompañados de una pequeña minoría, en su oposición o veto a las resoluciones de la ONU sobre Sudáfrica, la venta de armas y otras cuestiones parecidas, como el embargo a Cuba. En un reportaje del periodista del New York Times Magazine, Richard Bernstein, considera que “se escuchan muchas voces” que se preguntan “con una mezcla de escepticismo y aflicción” si la ONU tiene o no algún valor: “Cada vez se siente con mas fuerza que las Naciones Unidas se han convertido en un lugar repetitivo, retórico, extremista y antidemocrático, en el que se ataca a los EE.UU. con aparente impunidad, incluso por parte de países con los cuales mantenemos relaciones bilaterales cordiales”[5].

Una perspectiva bien diferente es la expresada por el senador William Fulbright, quien en 1972 se mostraba así de descontento con la política de los Estados Unidos: “Hemos controlado las Naciones Unidas durante muchos años, tan estrecha y a la vez tan fácilmente como en capo de una gran ciudad controlaría la maquinaria de su partido, [y] nos hemos acostumbrado a la idea de que la ONU es un sitio en donde podemos hacer y deshacer a voluntad”. Las Naciones Unidas se enfrentan a los mismos problemas, ahora que les ha fallado el sentido común y ya no funcionan como un órgano del poder estadounidense. Los EE. UU. son, de lejos, el mayor deudor de la ONU: en setiembre de 1987 debían 412 millones de dólares. El siguiente en la lista era Brasil, con 16 millones de dólares; la Unión Soviética había anunciado que se pondría al día de sus atrasos. […] se silencia el hecho de que – según ha manifestado la comisión de las Naciones Unidas en nuestro país – el simple operativo de la ONU “insufla entre 400 y 700 millones de dólares anuales a la economía de Nueva York y los EE. UU.”[6]

En el apartado “La demolición de los acuerdos de paz”, el autor sentencia “El resultado es una oposición sistemática a la diplomacia y los acuerdos políticos. Y como los hechos no se conforman a la imagen requerida, es necesario aplicar una buena dosis de maquinación histórica”. Se refiere el autor, tomando como base, al caso de Indochina, desde 1950 hasta el presente, véase Edward S. Herman y Noam Chomsky, Manufacturing consent, Pantheon, NY, 1988, caps. 5-6 [hay trad. castellano: Los guardianes de la libertad, Critica (Biblioteca de bolsillo) Barcelona, 2000].

En el Capitulo 4 “La democracia de mercado en el sistema neoliberal; realidad y doctrina” señala que ya en 1997 la UNICEF aseguraba que bastaba con una cuarta parte de los gastos militares anuales de los “países en desarrollo” o el 10% del gasto militar anual de los Estados Unidos para asegurar el acceso a los servicios sociales básicos de todos. Con los presupuestos actuales desorbitados se podrían resolver la casi totalidad de las carencias universales, agrego yo.

El discurso de los privilegiados está siempre marcado por la confianza y el triunfalismo: conocemos el camino que tenemos delante, y no hay otro camino. La idea fundamental, articulada con la suficiente fuerza y claridad, indica que “la victoria de los Estados Unidos en la guerra fría ha significado la victoria de un compuesto de principios políticos y económicos: democracia y mercado libre”, Estos principios, se dice, son “la ola del futuro: un futuro del cual los EE. UU. son el modelo y a la vez tienen la llave”. Acabo de citar al principal comentarista político del NYT. La realidad, por mi parte, creo que es muy diferente. El ámbito actual del debate político tiene poca relevancia para la política real como sus numerosos antecedentes: ni los Estados Unidos ni ninguna otra potencia se han sentido guiados nunca por ese meliorismo mundial”.

James Madison[7], el principal teórico de la democracia estadounidense predijo hace 200 años, “porcentaje de los que trabajarán sufriendo la dureza de la vida y, en secreto, suspirarán por una distribución más equitativa de sus bendiciones”.

Si leemos la Constitución de EE. UU. según Madison, “el gobierno tiene la responsabilidad de proteger a la minoría opulenta frente a la mayoría”. Convierten a “la Constitución en intrínsecamente, un documento aristocrático concebido para refrenar la tendencia democrática de la época”. Concluyendo: “el país ha de ser gobernado por quienes lo poseen”. Durante muchos años, el voto en EE. UU ha estado limitado a hombres blancos, dueños de propiedades de valor determinado según el estado de la Unión.

Se ha querido matizar el concepto de Madison de que “la Constitución de EE. UU. era, intrínsecamente, un documento aristocrático concebido para refrenar la tendencia democrática de la época, entregando el poder a la clase selecta de gente y excluyendo “del poder político a los que no eran ricos, eminentes o de buena cuna”[8], sin mucho éxito…

Cuando Madison hablaba de los “derechos de las personas” se refería a los seres humanos; pero con el crecimiento de la economía industrial y el ascenso de las corporaciones empresariales se dio un significado nuevo al término. En un documento oficial de nuestros días, “persona se define extensivamente e incluye a individuos, sucursales, sociedades colectivas, asociados y asociaciones, el estado, trust, corporaciones empresariales, y cualquier otro tipo de organización (organizada o no según las leyes de algunos estados), así como a las entidades gubernamentales[9]

Chomsky toca muchos otros temas en este apartado de “La democracia de mercado en el sistema neoliberal”, hechos históricos y la forma en que EE.UU., los ha abordado, mostrando como las actuales estructuras de poder imponen su camino.  Rememora las imposiciones de Estados Unidos en las elecciones de Nicaragua en 1984, supervisadas por Asociaciones y las delegaciones de varios países europeos, o especialmente “José Figueres, de Costa Rica, un observador critico y una figura esencial de la democracia centroamericana – que consideró legitimas las votaciones en este “país invadido” y apeló a Washington para que permitiese a los sandinistas “terminar lo que habían comenzado en paz, [pues] se lo merecen”.  Los EE. UU., sin embargo, se opusieron a la realización de elecciones e intentaron sabotearlas, inquietos ante la idea de que una votación democrática pudiera interferir en su guerra terrorista.

La política de “arruinar la economía y prolongar la guerra – larga y mortífera – de nuestros delegados, hasta que los nativos exhaustos, terminen ellos mismos con el gobierno que no queremos”; todo ello con un coste “mínimo” para nosotros y dejando a nuestra victima “con los puentes derruidos, las centrales eléctricas saboteadas y las granjas arruinadas”, para que el candidato de Washington tenga en la mano “un eslogan invencible”, el de acabar con “el empobrecimiento del pueblo …”, para no hablar – mejor así – del terrorismo continuado.

El autor hace referencia a muchos casos semejantes en su libro, y a mi me llama la atención con interés las diferentes referencias que hace a los de Cuba. Hace mención en uno de ellos, al las actuaciones colectivas que en su día quiso organizar John F. Kennedy contra Cuba en 1961, a la que un diplomático mexicano explicó que su país no se uniría a ella porque “si declaramos públicamente que Cuba es una amenaza para nuestra seguridad, cuarenta millones de mexicanos se morirían de risa”[10]. Y precisa el autor, “la naturaleza de los pretextos de la guerra fría se hace muy evidente en el caso de Cuba, e igualmente los principios que operan en la práctica”. Para muestras una, “cuando Washington se negó a aceptar la sentencia de la Organización Mundial del Comercio (OMC) a favor de la Unión Europea, que había recusado el embargo; un embargo de la ley internacional – por la Organización de Estados Americanos (OEA), y de forma repetida por las Naciones Unidas, por mayorías siempre aplastantes; aun así, El embargo ha sido ampliado con leyes que penalizan severamente a las terceras partes que desobedezcan el edicto de Washington, lo cual significa aún otra violación más de la ley internacional y los acuerdos de comercio. La respuesta oficial de la administración de Clinton (trascrita en el Congressional Record) fue que “Europa pretende desafiar “tres décadas de la política estadounidense sobre Cuba, que se inició con la administración de Kennedy” y que busca, como único objetivo, forzar un cambio de gobierno en La Habana”[11]

Quisiera precisar, dice el autor, que la política de derribo contra el gobierno de Cuba es anterior a la administración de Kennedy[12]. Castro llegó al poder en enero de 1959; y ya en junio de ese mismo año, la administración de Eisenhower había decidido que se debía derrocar ese gobierno. La determinación final de sustituirlo por un régimen “mas favorable a los intereses verdaderos del pueblo cubano y mas aceptable para los Estados Unidos” se tomo en marzo de 1960, en secreto, con el añadido de que la operación tenia que desarrollarse “de una manera que oculte la intervención de los EE. UU.”; se temía la reacción de los países latinoamericanos y se quería liberar de la carga a los rectores de la doctrina nacional.

Piero Gleijeses[13] en “Ships in the night: the CIA, the White House and the Bay of Pigs[14] un libro que demuestra que “Bahía de Cochinos fue aprobada porque la CIA y la Casa Blanca asumieron que estaban hablando el mismo idioma cuando, de hecho, estaban hablando en lenguas completamente diferentes”.

En el Capítulo 5 “La pedagogía de las mentiras (un debate con John Silber)” el autor desgrana un recorrido por hechos históricos que, según conveniencia del poder, si le resultan impertinentes, pueden quitarles del paso, de una forma bien sencilla: colgándoles la etiqueta de “mentiras”. Según Chomsky, “si te atienes a la línea del partido, no hace falta que documentes nada; puedes decir lo que te venga en gana… Es uno de los privilegios de la obediencia, reafirma. Pero si te muestras crítico con la opinión recibida, tendrás que documentar todas y cada una de tus frases”.

Parte fundamental de este Capítulo, es el debate entre Noam Chomsky y el antiguo rector de la Universidad de Boston, John Silber. Silver forma parte de un sistema “atrapado por sus propias mentiras”, dice Donaldo Macedo, que prologa el libro y presenta la versión detallada del debate, enfatizando en la apología dogmática que de un sistema doctrinal insostenible realiza Silber en su debate con Chomsky es suficientemente ilustrativa. Ver el libro de Chomsky: “Turning the tide, U.S. Intervention in Central America and the Struggle for Peace.[15]

Yo personalmente, recomiendo leer el debate que no solo hace aflorar las diferencias de posturas intelectuales y conceptuales de los dos extremos de la opinión pública norteamericana sobre la cuestión de la contra. Y este pequeño gran libro, enjundioso y de valiosas referencias que como en todos los de Noam Chomsky, siempre con un enfoque crítico y profundo de la temática que aborda. Enriquece leerlos, gracias a su enfoque multidisciplinar que relaciona estrechamente el estudio del lenguaje con la filosofía, la sociología, la biología y las ciencias cognitivas.

Jorge A. Capote Abreu

Santander, 25 de marzo de 2023

Referencias:

[1] Avram Noam Chomsky (1928) se doctoro en lingüística en la Universidad de Pennsylvania en 1955 y en la actualidad es profesor de esta especialidad en el departamento de Lingüística y Filosofía del Instituto Tecnológico de Massachusetts.

[2] Tumor maligno cutáneo o carcinoma nasal extenso.

[3] Associated Press (AP), New York Times (NYT), el 5 de enero; Boston Globe (BG) el 8 de enero; David Shipler, NYT, el 28 de febrero de 1986.

[4] AID es la división del Departamento de Estado de los EE. UU. Que coordina los programas de ayuda internacional.

[5]The U.N. versus U.S”, NYT Mag, 22.1.1984.

[6] Paul Lewis, NYT, 16 de octubre de 1987; AP, 28 de febrero de 1988.

[7] James Madison (16 de marzo de 1751-28 de junio de 1836) fue un político y teórico político estadounidense. Fue el cuarto presidente de los Estados Unidos desde 1809 hasta el año 1817. Está considerado como uno de los más influyentes «Padres fundadores de los Estados Unidos» por su contribución a la redacción de la Constitución de los Estados Unidos y a la Carta de Derechos de los Estados Unidos, hasta el punto de ser apodado «El Padre de la Constitución«.

[8] Lance Banning, el investigador que aboga de forma más destacada por la interpretación libertaria de las ideas de Madison, citando a Gordon Wood. Para una discusión más amplia y referencias bibliográficas, véase los libros de Noam Chomsky: “Power and prospects” South End, Boston, 1996, cap. 5, o Powers and Prospects: Reflections on Human Nature and the Social Order Paperback, así comoConsent without consent”, Cleveland State Law Review, 44/1 (1996)

[9] Tomado de Survey of Current Business. Departamento. de Comercio de EE. UU (1996)

[10] Ruth Leacock, Requiem for revolution, Kent State Univ. Press, Kent (OH), 1990, pág. 33.

[11] David Sanger, “U.S. won´t offer testimony on Cuba embargo”, NYT, 21 de febrero de 1997. Según terminología oficial de hoy en día, “la política bipartidista que se sigue desde principios de los años sesenta [está] basada en la idea que tenemos un régimen hostil y poco amistoso a 90 millas de nuestra frontera, y que todo lo que se haga para fortalecerlo servirá únicamente para alentarlo no solo a continuar con su hostilidad, sino que, durante toda su permanencia en el poder, tratará de desestabilizar gran parte de Latinoamérica”. Sobre la “amenaza” cubana, veáse Morris Morley y Chris McGillion, Council on Hemispheric Affairs (COHA), Washington Report on the Hemisphere, 3 de junio de 1997.

[12] La CIA de entonces recluto agentes dentro de los cubanos exiliados del gobierno de Batista, y mantenía el control de los exiliados revolucionarios de las distintas tendencias. Ver testimonio de Felipe, un exagente CIA, infiltrado para conocer los planes futuros de los revolucionarios del M-26-7 cuando triunfaran.

[13] Piero Gleijeses (nacido en 1944 en Venecia, Italia) es profesor de política exterior de los Estados Unidos en la Escuela Paul H. Nitze de Estudios Internacionales Avanzados (SAIS) de la Universidad Johns Hopkins.

[14] Un estudio exhaustivo de los documentos disponibles sobre Bahía de Cochinos, incluidos muchos que han sido desclasificados en los últimos dieciocho meses, y extensas entrevistas con los protagonistas de la CIA, la Casa Blanca y el Departamento de Estado me llevan a concluir que la desastrosa operación se lanzó no simplemente porque Kennedy estaba mal atendido por su joven personal y era cautivo de su retórica de campaña.  ni simplemente por la arrogancia de la CIA. Más bien, Bahía de Cochinos fue aprobada porque la CIA y la Casa Blanca asumieron que estaban hablando el mismo idioma cuando, de hecho, estaban hablando en lenguas completamente diferentes.

[15] Traducido al castellano como: La quinta libertad, Critica (Biblioteca de Bolsillo, 17) Barcelona 2000; Turning the tide, U.S. Intervention in Central America and the Struggle for Peace.. South END, Boston, 1985.