LA MERITOCRACIA DE HOY

LA MERITOCRACIA DE HOY

Cada vez que leo algún libro de historia o de economía de algún país, no dejo de pensar en cuanto se hubiera logrado si las posiciones de decisión las hubieran ocupado personas con la máxima formación académica, máxima experiencia y máximos méritos personales, pero desgraciadamente priman mas otras condicionantes y valores exigidos. Las consecuencias no se tardan en percibir y muchos años en corregir, si ese es el empeño.

Algunos países con muchos mas siglos de existencia y concepciones filosóficas más ceñidas al pragmatismo de los resultados, han empleado bases de valoración/selección basada en la MERITOCRACIA[i].

Aunque, en esencia, ningún país se rige estricta y únicamente por esta fórmula, de gobierno o administración, el término se ha traído y se ha llevado en las últimas décadas como si de un mantra se tratara. Se apela a que, con esfuerzo, tesón, sacrificio y talento, cualquiera (sea de la condición social que sea) puede alcanzar los mayores puestos de responsabilidad. Y eso implica, por supuesto, una mayor remuneración económica, beneficios a todos los niveles y posibilidad de ejercer el poder.

La meritocracia se sustenta en los principios de igualdad y justicia. Es una forma social que, organizada de forma perfecta, contribuye al progreso social y a la equidad. El término fue propuesto en 1958 por el sociólogo estadounidense Michael Young en su obra The Rise of the Meritocracy[ii].

Un poco más ajustados a la aplicación real del concepto, autores como Michael Sandel[iii] de la Universidad de Harvard o Daniel Markovits[iv] de la Universidad de Yale, nos advierten sobre las trampas de la meritocracia actual, en la que prima la educación y la familia más que otros condicionantes. Los últimos estudios demuestran, que es más fácil acceder a puestos de élite, de responsabilidad, de mejor remuneración y también con posibilidad de influir en la política, si se pertenece a una familia universitaria, estructurada y que ha invertido en educación. Por tanto, la tan ansiada meritocracia, con la llave para ese ascensor social deseado, se presenta con muchas fallas.

La meritocracia es hoy tan líquida como la sociedad en su conjunto. Una avalancha de másteres, de postgrados, de cursos, de viajes y experiencias en prácticas en empresas y horas como becarios, le hacen apreciarla de forma diferente.

Los méritos académicos se han igualado como nunca antes, hay una exagerada acumulación de títulos que rellenan currículos. Los procedimientos para valorar realmente unas capacidades, cuando todas son tan altas, se han modificado por completo. Lo que prima es la forma en que se es capaz de usar esos méritos. Es ahí donde ahora empieza la meritocracia.

Mucha formación formal, académica, pero casi ninguna, o sin él casi, formación para poner en práctica los méritos adquiridos. Un importante cambio para tener en cuenta. Al final, la persona contratada o que asciende, no lo hace por méritos “académicos” sino por otros méritos: sus capacidades sociales.

En sectores de la docencia superior, la investigación científica o de alto nivel la excelencia formativa acreditada es una garantía imprescindible, pero en la selección laboral de escala media, tristemente, la meritocracia académica está en peligro de extinción frente a la creciente exigencia de las capacidades sociales, es imprescindible dar a conocer tus capacidades, transmitirlas de forma emocional más allá de un currículo.

La meritocracia académica es ya una marca personal, pero depende del valor personal añadido a esos méritos. Aunque sigue, y en auge, el tener un amigo – enchufe – que te “ayude”, es relevante. Ahora ya no es nepotismo, no te eligen a pesar de ser el peor, te eligen sabiendo que tienes los mismos méritos que otros 200 aspirantes, pero con un mérito extra; la conexión social, es decir, mostrarse en la mejor de sus formas y maneras hablando de sus actitudes y virtudes sobre los temas en los que aspira a desarrollar una actividad destacada en la empresa o institución.

La meritocracia de lo social, de las relaciones, de haber emprendido y conocer a gente y experiencias es la parte esencial hoy en día.

Referencias:

1 Según la RAE, la meritocracia es un sistema de gobierno en el que los puestos de responsabilidad se adjudican en función de los méritos personales. Esto supone, en esencia, que el liderazgo y los trabajos de nivel estarían copados por aquellos que han hecho méritos para ello, bien por talento, por esfuerzo o una combinación de ambas virtudes.

2 https://www.candelavizcaino.es/historia/meritocracia.html

3 The Rise of the Meritocracy describe una sociedad distópica en un futuro Reino Unido en el que la inteligencia y el mérito se han convertido en el principio central de la sociedad, reemplazando divisiones previas de clases sociales y la creación de una sociedad estratificada entre una élite que posee el poder merecido y una subclase privada de los menos merecidos.

4 Michael Sandel, es un filósofo político y profesor estadounidense. Es profesor en la Facultad de Derecho de la Universidad de Harvard, donde su curso Justice fue el primer curso de la universidad que estuvo disponible gratuitamente en línea y en televisión.

5 Daniel Markovits es profesor de derecho de la cátedra Guido Calabresi en la Facultad de Derecho de Yale y director fundador del Centro de Estudios de Derecho Privado de Yale.