La religiosidad femenina…

FREILAS, SERORAS Y BEATAS

El pasado día 7 de febrero disfruté de una Conferencia de D. Francisco Gutiérrez Díaz, Presidente del Centro de Estudios Montañeses (CEM), en el ATENEO de Santander, con motivo de la Conmemoración de los 250 años (1774-2024) de la Parroquia de Nuestra Señora de la Consolación de Santander. Ponencia genial, no solo por el contenido, sino también por las formas didácticas y abundancia de datos e informaciones de interés, que el auditorio acusa con la habitual EXCELENCIA y ERUDICCION del ponente.

Las ermitas abundaban entre los siglos XIV al XVIII por toda Europa, especialmente en las pequeñas poblaciones, dispersas por grandes regiones, supliendo las necesidades religiosas de la comarca. En la zona de la cornisa del Cantábrico, en lo que hoy corresponde al País Vasco y Cantabria, se construyeron estos pequeños santuarios, que acogerían a gremios, cofradías y personas que custodiaban las imágenes para su veneración[1]. En el término de Santander, se llegaron a tener en el siglo XVI, dieciocho de estas ermitas[2], muchas de ellas edificadas juntos a los muros de la Villa.

Las mujeres medievales han sido, por lo general, un campo poco estudiado, quizás debido a que desde el mundo romano, la mujer ocupaba un segundo lugar en la familia, como también ocurría en las tribus germánicas del norte, conceptos que se asentaron en la Edad Media, donde lo significativo era: las guerras y la religión, donde las mujeres no jugaron roles importantes que cumplir.

La religiosidad femenina, se insertaba en instituciones masculinas, como las Órdenes Militares[3], en concreto en la Orden Militar de Santiago. Las freilas santiaguistas[4] constituyeron en el momento de su fundación (1170), las únicas que se les permitieron estar casadas con freiles[5] caballeros.

Las seroras se les llamaba a las mujeres que cuidaban las iglesias, parroquias y ermitas y se encargaban de diversos aspectos sociales y religiosos[6]. En la conferencia del Ateneo, Gutiérrez Diaz, subrayó, el “aporte en 1501 en su testamento de Dª Catalina Hernández de un dinero para que se incrementaran en 2 las freilas del hospital[7] anejo a la Ermita de la Consolación.

Las actividades de las seroras se enmarcaban dentro del ámbito, tanto religioso como laico. Los conocimientos que hoy se tienen sobre estas mujeres, se deben en gran medida, a los documentos de la Edad Moderna, si bien un seguimiento documental de su presencia nos llevaría por lo menos hasta la Edad Media. Por lo general las seroras más jóvenes, eran aquellas mujeres que no habían podido o querido casarse, aunque también eran comunes las viudas que querían mantener su independencia.

Las beatas eran mujeres laicas que vestían hábito y se dedicaban a la oración, al trabajo y a ejercer tareas de asistencia social. No vivían en clausura ni profesaban votos como las religiosas, aunque algunas alcanzaron fama de santidad. Habitaban en su propio domicilio o en una casa en común con otras beatas, es decir, en los beaterios[8]. Estas comunidades tienen un origen muy antiguo; de hecho, se pueden remontar al mismo origen del cristianismo[9].

Las beatas vivieron de lleno las nuevas formas de religiosidad relacionadas con la Devotio Moderna[10], es decir, el individualismo religioso, el interiorismo y el espíritu evangélico[11]. Las autoridades eclesiásticas intervinieron para controlar las expresiones populares de la religiosidad y mas aun si eran protagonizadas por mujeres libres y el Concilio de Trento[12] les obligaron a convertirse en terciarias de la ordenes religiosas establecidas. Así pues, precisa Montagut, “la concepción que tradicionalmente se tenía de las beatas cambió radicalmente, es decir, que dejaron de ser consideradas como santas y mujeres preocupadas por los necesitados a ser tachadas de supersticiosas, farsantes, embaucadoras o alumbradas si no entraban en un convento femenino”.[13]

Queda mucho por leer e investigar sobre esta historia de la religiosidad femenina[14], su papel en el desarrollo de las comarcas y en especial de la Iglesia en la Edad Media e incluso sus influencias en la actualidad y, el rol que sin dudas debe tomar en el mundo eclesiastico moderno.

Dr. Jorge A. Capote Abreu

Santander, Febrero de 2024

Referencias:

[1] Fernández González, L. 2001, pp. 347-348.

[2] Casado Soto, J.L. 1989. P. 120

[3] Durante los siglos XII y XIII se hicieron 7 cruzadas, una de las consecuencias fue la creación de la Ordenes Militares, congregaciones de monjes-soldados, para luchar contra los infieles y hacer labores humanitarias,  

[4] Constituyeron desde su fundación una excepción dentro del ámbito religioso de la mujer medieval, por su autonomía y voto de castidad conyugal. Para mas detalles ver: https://www.escueladeateneas.com/2022/12/imposicion-de-la-clausura-en-los.html

[5] Según la RAE, el termino “freile” o “freire” se aplica a caballero profeso de una orden militar.

[6] En los documentos castellanos y franceses revisados se les dan a estas mujeres diferentes nombres dependiendo del lugar y la época: serora, sorora, beata, freila o breira, benoîte o benedicta. En algunos casos hospitalera, etc. Mas tarde se denominarían monjas.

[7]  Conferencia de D. Francisco Gutiérrez Díaz, en el ATENEO de Santander, el 7.2.2024.

[8] Según la RAE “Casa en que viven las beatas formando comunidad y siguiendo alguna regla”

[9] https://tribunafeminista.org/2018/03/las-beatas-mujer-y-religiosidad-entre-la-edad-media-y-la-moderna

[10] La devotio moderna fue un movimiento a favor de la reforma religiosa, invitando a la renovación apostólica a través del redescubrimiento de prácticas piadosas genuinas tales como la humildad, la obediencia y la sencillez de vida

[11] Del artículo de Eduardo Montagut en www.tribunafeminista.org – 14.03.2018

[12] El Concilio de Trento fue un concilio ecuménico de la Iglesia católica desarrollado en periodos discontinuos durante veinticinco sesiones entre los años 1545 y 1563.

[13] Ibidem – Del artículo de www.tribunafeminista.org – 14.03.2018

[14]Freilas, seroras / beatas vascas: personalidad / caracterización (C. 1500-1650)” -Tesis Doctoral presentada por Florencio Arza Alda – Universidad de la Rioja – 2015