ISLA DE PINOS – Carcel de alemanes en la II Guerra Mundial

ISLA DE PINOS (CUBA)

UNA DE LAS INSTALACIONES DE INTERNACIÓN Y DETENCIÓN OPERADAS Y FINANCIADAS POR EL GOBIERNO DE EE. UU. EN LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL EN LA QUE DETENÍAN A PERSONAS DE ASCENDENCIA ALEMANA.

Esta prisión nacional para hombres se construyó en una isla exterior de Cuba en 1931, siguiendo el modelo de una prisión en Illinois. Estaba compuesto por cuatro edificios circulares con 465 celdas y dos rectangulares de seis pisos, en la foto de la izquierda. La Isla de Pinos fue utilizada como lugar de exilio desde el siglo XIX hasta 1959 y era conocida como un lugar de gran miseria del que era virtualmente imposible escapar.

Durante la Segunda Guerra Mundial, en cooperación con los EE. UU. (que se ofreció a financiar el proyecto), el presidente Fulgencio Batista internó a 114 alemanes, 350 japoneses y 13 extranjeros cubanos residentes en Italia. El 8 de abril de 1942, el New York Times informó que Cuba había seleccionado Isla de Pinos para “fines de concentración”, y que hasta la fecha los internados habían sido retenidos en la estación migratoria de Tiscornia. Mujeres alemanas habían sido internadas en la cárcel de Arroyo Arenas en las afueras de La Habana. El embajador estadounidense Spruille Braden declaró que debido a que, según los informes, la directora de la prisión de mujeres cubanas alquilaba prisioneras como prostitutas, dispuso que se construyera una instalación separada para las internas del Eje.

Según los informes, los internos vivían en celdas con barrotes, inicialmente cenando y mezclándose con los presos comunes. Pero después de varios meses, el gobierno cubano dispuso que cenaran en los edificios de internamiento, cercó el área de internamiento y proporcionó áreas de ejercicio para los internos. Los informes varían sobre el saneamiento; uno afirmaba que las condiciones sanitarias eran aceptables, otro afirmaba que las enfermedades debidas a la mala nutrición y la falta de higiene eran rampantes. Los presos estaban encerrados dentro durante un mes o más a la vez y rara vez se les permitía salir para hacer ejercicio o tomar el sol.

A las familias solo se les permitían visitas de 5 minutos al mes.

Referencias:

  1. Japoneses en Cuba, Rolando Álvarez y Marta Guzmán, Japan Foundation, 2002;
  2. Nazis and Good Neighbors, Max Paul Friedman, Cambridge University Press, 2003, 148.)