EXPOSICION DEL PINTOR FLAMENCO GUIDO RENI EN EL PRADO

MIS IMPRESIONES DE LA EXPOSICION

GUIDO RENI  – Museo Nacional del Prado. Madrid – 28/03/2023 – 09/07/2023

Esta visita programada al Museo del Prado tras mas de dos año y medio de ausencia obligada por la COVID-19 y sus persistentes consecuencias, es singular por lo que representa el contacto de nuevo con la pinacoteca por excelencia de España, y palpar los cambios que se han impuesto tras el periodo pandemico.

Todo tiene carácter mas digital: citas previas para accesos con excepciones academicas o discapacidad, mayores controles de accesos y, sobre todo una masificacion de visitantes mas cruda y “cruel”, porque somete al visitante ansioso del disfrute del arte y el enriquecimiento cultural implicito, en un numero mas dentro de la “manada” – disculpenme la expresion, pero es lo que se siente. No es un fenomeno de hoy, ni exclusivo del Museo del Prado, se viene presentando desde hace algunos años en los grandes Museos del mundo. Ya en 2018/19 en el Louvre lo viví y en el MET de Nueva York, en cada sitio con sus matices y caracteristicas significativas.

Ya analicé en un artículo el pasado 20.3.18, lo de la masividad en el “nuevo concepto de turismo del siglo XXI”, que algunos denominan “Turismo 3,0[1], que llenan hasta el límite los espacios de Salas y Galerías de los Museos, como lo hacen en los Centros Comerciales, con idénticas conductas, haciendo perder a los Museos “la función educativa, de formación del juicio crítico y de expansión del placer estético, que es preciso reclamarles[2]. Hare un nuevo articulo mas actualizado con nuevas cifras de la masificación de los museos que degrada la cultura del saber por la del ver, el TikTok aplicado al Arte.

A primera hora, y la fila doblaba la zona de acceso por a la Puerta de los Jeronimos del Museo.

La exposición, “incluye casi un centenar de obras procedentes de más de 40 museos, instituciones y colecciones públicas y privadas en Europa y América para ofrecer una completa visión de la trayectoria de este gran artista boloñés del siglo XVII y llamar la atención sobre su decisiva contribución en la configuración del universo estético del barroco europeo”, dice la nota de prensa del Museo.

Como ya es habitual en esta era digital, no se elaboran folletos ni documentación escrita para que el visitante pueda recorrer la exposición e ilustrarse sobre la obra expuesta, solo la sintética información de la cartela y en cualquier caso un código QR, que te puede llevar por los senderos de las red a más información. No se porque motivo en la visita no puedes hacer uso del teléfono móvil para obtener imágenes, ni fotos, aunque no uses el flash, le pregunté a la azafata de sala y, me respondió que para que vengan a ver la exposición, y en ese momento salían un grupo de asiáticos y le dije: “más como estos” (¿?).

Luego anote las obras de más interés visitadas, para con posterioridad estudiarlas en detalles y poder hacer MIS IMPRESIONES, porque en la sala, con un aforo casi a limites, era totalmente imposible.

Seleccioné las obras que me recomendaba la audioguía, como el imponente Triunfo de Job, procedente de la catedral de Nôtre-Dame de París, junto a otras más renombradas, como la Inmaculada Concepción del Metropolitan Museum of Art de Nueva York; la Cleopatra de The Royal Collection de Londres, Dibujo y color del Musée du Louvre de París.

A estas obras se unen las del propio Museo del Prado, como Hipómenes y Atalanta, Muchacha con una rosa o Virgen de la silla, también seleccionadas..

Recorramos la exposición, siguiendo estos hitos y algunos otros que hemos seleccionado.

Guido Reni (1575-1642), llevaría el arte pictórico de Bolonia a unas cotas de perfección nunca antes alcanzadas. Hijo de un músico, de personalidad virtuosa y reservada, se encaminará en su adolescencia hacia la formación como pintor. Guiado por los mismos principios que defendían los Carracci, Reni recibirá el apelativo de “divino” por su talento para representar lo sobrenatural. Tal capacidad nunca la consideraría un don innato, sino el resultado de su descomunal esfuerzo en la búsqueda de la belleza, tarea en la que el dibujo y el colorido se unían en una armónica simbiosis. Desde su Bolonia natal, la fama de Guido llegará a Roma, y de allí al resto de Italia y a buena parte de Europa. España también fue partícipe de su gloria, recibiendo por la vía del coleccionismo importantes obras suyas, al tiempo que se le consagraba como un modelo para los artistas hispanos.

 Triunfo de Job, de Guido Reni, por primera vez, tras el incendio que sufrió la catedral de Nôtre-Dame el 15 de abril de 2019, se muestra en una exposición. Muestra la habilidad del artista en la construcción de relatos hagiográficos, con una riqueza en la composición de los elementos secundarios que exalta al santo protagonista sin restarle relevancia. Se trata de un lienzo monumental (415 x 265 cm) realizado en 1636, en plena madurez profesional de Reni.

Fue encargada por el gremio de los sederos (Setaioli) de Bolonia para su capilla Santa María dei Mendicanti, la obra narra un episodio de la vida de su patrón, el santo Job. Tras ser puesta a prueba su fe por Satán, pero con el permiso de Dios, Job aparece triunfal en la parte superior derecha mientras recibe preciosos regalos de un expresivo grupo de gentes como reconocimiento a su valía. Una composición equilibrada, con suavidad de colores y una gran expresión emotiva del personaje principal.

La Inmaculada Concepción. 

La Inmaculada Concepción de Reni, es una de las magistrales obras expuestas, encargada alrededor de 1627 por el embajador español en Roma y destinada inicialmente a doña María de Austria, hermana de Felipe IV y posteriormente donada a la catedral de Sevilla, donde permaneció hasta la invasión napoleónica e inspiró a Murillo en sus creaciones.

En esta obra, Reni hubo de enfrentarse a la controvertida cuestión de la Concepción Inmaculada de María, defendida por la Monarquía Hispánica al tiempo que condenada por la orden dominica. Su sensibilidad como intérprete de ese tema se muestra en todas sus demás obras marianas realizadas, reflejo de toda una vida de ferviente devoción a la Virgen.

Al margen de la indiscutible belleza y magistral ejecución de Reni, mi preferida es la de Esteban Murillo de 1660, La Inmaculada Concepción de los Venerables, de innegables influencias de Reni, cuya copia presidio la capilla de los Maristas de la Víbora en La Habana (Cuba) donde estudie.

Esta obra de Guido RENI de 1621-1627, Cleopatra procedente de The Royal Collection de Londres, se expone frente a una de las obras del Prado del artista con igual denominación y época. “Una Cleopatra con el pecho mordido por la víbora, media figura, sentada, de tamaño natural, y además hay una mesita con una pequeña cesta de frutas, seis quarte y medio de alta, más de cinco quarte y medio de ancha, la pintura más hermosa y una de sus mejores, con su marco tallado y dorado.” Según describe el pintor flamenco, Nicolás Régnier, en el inventario de los cuadros de 1664.

RENI utiliza para las dos versiones expuesta muy semejantes, la londinenses y la Cleopatra del Prado, un lienzo veneciano, como demuestra su trama de espiga, sin que exista dato histórico fiable, que lo justifique. Tampoco está claro el procedimiento empleado por el pintor para crear múltiples versiones de la misma composición. Si se superpusieran las dos figuras, puede decirse que el contorno izquierdo de la heroína y la mayor parte de la cabeza coincidirían. Según el voluminoso Catalogo de la Exposición[3], “cabe destacar que las modificaciones entre estas dos versiones son mucho más amplias de lo que era habitual en Guido a la hora de crear réplicas. Aunque en estos casos Guido se complacía en dar rienda suelta a la improvisación estilística, rara vez variaba una composición hasta el punto de que ambas réplicas presenten elementos de notable originalidad”.

La Unión del Dibujo y Color 

Una de las obras de RENI que más me impresionó fue ésta de “Dibujo y Color” en la que su autor hace gala de su descomunal esfuerzo en la búsqueda de la belleza, tarea en la que el dibujo y el colorido se unían en una armónica simbiosis. Reni pintó este cuadro de óleo sobre lienzo, 120,5 x 120,5 cm hacia 1624-25. Propiedad del Museo del Louvre de Paris.

Reni era tenido por sus contemporáneos como un ser “angelical” y con una “visión idealizada de la mujer” –recuerda el comisario de la exposición David García Cueto– arraigada en la cultura italiana del humanismo y barroca que parte de Petrarca. El artista durante sus últimos años pintaba de forma apresurada para saldar sus deudas contraídas con las cartas y los dados. “Lo hace de forma frenética y evoluciona hacia lo sintético, lo que le iguala con otro artista como Tiziano”, precisa García Cueto.

Hipómenes y Atalanta

Guido Reni – 1618 – 1619. Óleo sobre lienzo, 206 x 279 cm – Museo del Prado

Se trata de una de las obras más célebres y controvertidas del artista y del barroco boloñés. Ese cuadro, según el catálogo de la exposición, fue adquirido en 1664 por Gaspar Bracamonte y Guzmán, conde de Peñaranda y virrey de Nápoles, con destino a Felipe IV.

La historia narra cómo Atalanta, hija de un rey de Arcadia, se había ofrecido en matrimonio a aquél que fuera capaz de vencerla en la carrera, deporte para el que había alcanzado una habilidad sobresaliente. El castigo establecido para todos aquellos que fueran derrotados era la muerte. A pesar del riesgo, Hipómenes aceptó el desafío contando para ello con la ayuda de Venus, que le proporcionó tres manzanas de oro que el joven fue arrojando a su paso, logrando con ello retrasar a Atalanta que se detuvo a recogerlas. Sin embargo, una vez casados, Hipómenes olvidó agradecer la ayuda de la diosa que había propiciado su victoria, la cual terminó metamorfoseando a los dos en leones.

Reni en la composición coloca ambas figuras en primer plano, creando así una estructura diagonal que refleja un momento concreto de la narración, dice la sinopsis del cuadro[4] cuando Hipómenes lanza una manzana que Atalanta recoge, circunstancia que al final será la causa de su derrota.

Las vigorosas anatomías o en la distribución en friso de los personajes que interpretan el drama, en su ideal de belleza, que se manifiesta en la perfección formal de los cuerpos desnudos, en su equilibrio casi simétrico y en sus cualidades dramáticas, expresadas a través de unas actitudes contenidas, a pesar de que se encuentran en medio de una carrera que decidirá el destino de ambos jóvenes. En todo ello, el color desempeña un papel fundamental. Los objetos más luminosos son, precisamente, los cuerpos de los protagonistas, a los que se dirigen los ojos del espectador, mientras que el resto -el cielo, las nubes, la tierra…- adquiere un monótono color pardo, rojizo y gris, que permite centrar la atención sobre el drama representado en el primer plano[5].

Referencias:

[1] Ver blog de Joan Marcos en https://joanmarco.com/turismo-30-que-es/

[2] http://www.elcultural.com/revista/arte/La-Gioconda-en-la-jaula-del-espectaculo/11671

[3] Pericolo, Lorenzo, ‘Guido Reni. Cleopatra’. En: Guido Reni, Madrid, Museo Nacional del Prado, 2023, p.362-365 nº 79.

[4]https://www.museodelprado.es/coleccion/obra-de-arte/hipomenes-y-atalanta/b136eb8b-c3f1-4787-935b-0003ed114220

[5] Texto extractado de Úbeda de los Cobos, A. en: 100 Obras Maestras del Museo del Prado, Museo Nacional del Prado, 2008, p. 102