En el nuevo año…

JOSE MARTI Y EL AÑO NUEVO

José Martí, dejó un legado de pensamiento y reflexión sobre diversos temas, incluyendo la celebración del año nuevo. En el periódico Patria, correspondiente al 5 de enero de 1894, aparece un artículo titulado “El Año Nuevo”, que se refiere concretamente a la entonces Cuba colonia española, que dice:

“Nada es en la verdad de la vida, un año que acaba, ni otro que empieza; pero el hombre […] en el choque trágico e inevitable del egoísmo desidioso y la abnegación activa, que es, a fin de cuentas, la historia toda del mundo, gusta y necesita de detenerse de vez en cuando en el camino, para limpiarse del rostro la sangre y el sudor, y volver al cielo los ojos de su esperanza”[1].

Manifestando motivaciones, apegadas a la contingencia de la vida cotidiana y, que el ser humano necesita de esas pequeñas alegrías y placeres comunes, para reponerse de las fatigas y emprender nuevos ciclos de la existencia bajo otros auspicios: Reunirse, festejar en familia, compartir el pan y la amistad, con generosidad y cariño, reponer las fuerzas para un futuro esperanzador.

La Prof. Mª Luisa García Moreno[2] al analizar este párrafo del Apóstol expresa en su blog[3] ideas de interés para la reflexión: “Detengámonos en esa idea… ¿Acaso ese apego a la comodidad, ese desdén a la entrega y el sacrificio de que nos habla Martí no están presentes en nuestra vida de hoy? El triunfo de la Revolución puso en manos de los cubanos su verdadera y definitiva independencia. Nuestra pequeña islita pasó a ocupar un papel protagónico en el mapa del mundo.

 En un artículo para La Opinión Nacional de Caracas del 6 de enero de 1882, Martí expresó desde Nueva York sus impresiones sobre la llegada del nuevo año y plasmó su visión de las festividades navideñas asociadas con la temporada:

Ved! Aquí pasa un árbol de Christmas, es de bálsamo, porque son tenidos por vulgares y se dejan para gente modesta, los de pino y los de cedro. ¡Ved, corona de flores y hojas secas que vienen de Alemania! ¡Cuánta estrella, hecha de mirtos y siemprevivas! ¡Cuánta guirnalda, hecha de laurel y acebo! ¡Cuánto adorno valioso, que se colgará luego en las paredes del comedor engalanado, y en puertas y ventanas! ¡Ved el muérdago, la rama sagrada de los galos, ante la cual juraban las sacerdotisas y los druidas eterno odio a César, y cuyas palmas verdes, a los acentos bélicos de la magnífica Velleda, postraban en el bosque misterioso, en la pálida luz de noches tibias, frente a los mudos y divinos dólmenes! ¡Ved estas violetas, que son de Nápoles y Parma! Ved esos cestos de rosas, grandes rosas de Francia; de claveles encarnados; de inmortales amarilis, que vienen de Italia; de jacintos rumanos; de camelias japónicas! ¡Y tomadlas y ponedlas junto a la cuna de vuestro último hijo, que es mi don de Pascuas.[4]

Martí destaca la presencia de elementos tradicionales de las festividades de fin de año, como el árbol de Christmas y las decoraciones que lo acompañan. Es interesante observar cómo Martí se refiere a la elección del árbol de bálsamo, considerándolo para la gente modesta en contraste con los árboles de pino y cedro, que son tenidos por vulgares. Describe con entusiasmo las diferentes decoraciones y adornos importados de diversas partes del mundo, como coronas de flores y hojas secas de Alemania, estrellas hechas de mirtos y siemprevivas, guirnaldas de laurel y acebo, entre otros. Cada elemento parece llevar consigo una historia y una tradición y, Martí los presenta con un tono de admiración.

El pasaje también destaca la presencia del muérdago, una planta asociada con rituales y simbolismos, mencionando su importancia en la antigua cultura gala, donde sacerdotisas y druidas juraban eterno odio a César ante esta planta sagrada. Martí añade un toque de romanticismo, al hablar de las palmas verdes del muérdago y su relación con los misteriosos bosques y los dólmenes.

El regalo de flores, como violetas, rosas, claveles, amarilis y jacintos, se presenta como un gesto de generosidad y afecto. Martí sugiere colocar estas flores cerca de la cuna del “último hijo” como un regalo de Pascuas, resaltando la importancia de la familia y la celebración de la vida.

En resumen, a través de este pasaje, José Martí nos brinda una visión detallada y apasionada de las festividades de fin de año neoyorkino, conectando elementos decorativos con tradiciones, simbolismos y la riqueza de la diversidad cultural. Su enfoque revela no solo una apreciación estética, sino también un interés profundo en las raíces culturales y la diversidad que caracteriza a estas celebraciones en la Norteamérica de entonces.

Jorge A. Capote Abreu

Santander, 5 de enero de 2024

Referencias:

[1] JM, OC, t. 3, pp. 23.

[2] María Luisa García Moreno (La Habana, 1950). Profesora de Español e Historia, Periodista, editora y escritora. Presidenta de la Cátedra José Zacarías Tallet, del Instituto Internacional de Periodismo José Martí, editora de la Revista de la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí y miembro de la (UPEC) y de la de Historiadores de Cuba

[3] https://www.cubaperiodistas.cu/2018/01/a-proposito-del-ano-nuevo-de-hombres-de-sacrificio-necesita-la-libertad/

[4] JM, OC, t. 9, p. 207