De mis viajes a Colombia.

DOS BELLOS RECUERDOS …

He tenido el placer y el honor de visitar esta tierra tan bella de Colombia en varias oportunidades, siempre de la mano de mi trabajo en la Universidad, para participar en un Master en la Universidad Nacional de Colombia, UNAL, Bogotá, a los estudiantes de ingeniería y arquitectura en la década final del siglo XX. Muchos son los recuerdos y vivencias de esas estancias, pero hay dos que especialmente no he podido olvidar: Mi visita a ZIPAQUIRÁ y la más personal a ZIPACÓN.

ZIPAQUIRÁ es una bella ciudad en el centro de Colombia, al nordeste de Bogotá. Actualmente con gran atracción turística por su Catedral de Sal subterránea, una iglesia en el interior de una gran mina de sal con las Estaciones de la Cruz talladas en sal de roca. No soy muy adicto a las visitas de instalaciones subterráneas, aunque desde el comienzo de mi profesión tuve que realizar trabajos de topografía subterránea en las Minas de Cobre de Matahambre (Cuba) y en otras ocasiones en instalaciones también de galerías subterráneas para otros tipos de infraestructuras.

A Zipaquirá, llegamos – vía Cajigá – por la autopista desde Bogotá, con el objetivo de visitar el Museo “Catedral de Sal” donde los 2,730 m de altitud hicieron sus efectos en mi respiración. Nos integraron en un grupo para visitar la Catedral de Sal, siempre acompañados de un guía. La Catedral de Sal es un magnífico aprovechamiento turístico de las antiguas galerías mineras, ya en desuso. Una original idea para mantener vivo el tejido productivo de esta región. Hice el recorrido con el agobio de la claustrofobia que aporta la galería subterránea y las dificultades de respiración del “mal de altura”.

La catedral de la Sal de Zipaquirá es considerada como uno de los logros arquitectónicos y artísticos más notables de la arquitectura colombiana[1], por lo que se le ha otorgado incluso el título de joya arquitectónica de la modernidad. Zipaquirá está en municipio de Cundinamarca existente desde la época precolombina comúnmente llamado Zipa a unos 25 kms. al norte de Bogotá.

El poeta Florencio Quesada le dedico este precioso poema:

Zipaquirá

garganta del mundo.

Poema escrito

con sudores de roca,

corredor andino

savia del tiempo.

Sueño de voces.

Hablan los chibchas

en el cáliz

tu nombre.

Cristo.

Poema escrito con sudores de roca,

cuánto sangre,

cuánto sudor costó a nuestros antepasados (chibchas) construir este templo.

ZIPACÓN[2], es uno de los 116 municipios del departamento de Cundinamarca, el mismo al que pertenece Zipaquirá de Colombia. Se encuentra ubicado en la Provincia de Sabana Occidente, a 50 km de Bogotá. Ahí tiene una pequeña finca de recreo y esparcimiento mi amigo el Arquitecto Carlos Vanegas, quiso llevarme con él a comer en su finca “La Pepita” en Zipacón.

El viaje lo hicimos por la carretera que une Bogotá-Mosquera-Madrid-Zipacón. Antes de salir compramos comida para sus perros en ALKOSTO, una gran superficie de Bogotá. De nuevo en el pueblo de nombre MADRID compramos algunas cosas de comer. Al llegar a la finca los perros (Olafo, Pancho, Milo, Júnior) salieron a recibirlos al auto con todas las muestras de alegría y algarabías perrunas imaginables. Todos excepto, Sultán, que estaba atado.

Milo es una especie de schnauzer negro pequeño que tiene una de las patas trasera afectada por un atropello de un coche. Olafo, es una mezcla menos “aristocrática”, es blanco con manchas marrones, es el más chillón y noble. Junior, es una especie de siberiano marrón precioso con los ojos grises y agresivos, pero muy noble y pegajoso. Pancho, es un negrito pequeño muy animado y cariñoso. A todos Carlos le dio unas galleticas que les había comprado expresamente.

Carlos siguió mostrándome sus deliciosos animales, que son patos, carneros/ovejas, gansos, gallinas, unas vacas y dos yeguas – Sabina y Rosita – preciosas. De increíbles manifestaciones de alegría al olfatear su llegada y esperando recibir sus caricias y pequeños manjares a las que las tenía acostumbradas.

Durante el viaje de ida hablamos de muchas cosas con varias frases de sabiduría parda y mostro una gran sensibilidad y calidad humana. Carlos mostró su lado más sensible y profundo, en especial, cuando se refirió a su padre: “Mi padre que era como un diamante” …, que a mí me pareció estupenda.

Hablando de la penosa situación política, social y económica de la guerra en Colombia y sus efectos sobre la empresarial-familiar, me dijo con cierto dolor: “Es duro empobrecerse trabajando”.

Como comida me ofreció unos “panes de maíz” – de aperitivo – que son como unas empanadillas de queso y maíz dulce, parecida a las chilenas. Ya en la mesa fue patata a lo pobre con arroz y una carne de res fresca con cebolla y salsa. Es otra prueba de la gastronomía popular colombiana. De postre una pasta de guayaba con queso.

El “tinto”, como le dicen al café americano que ellos toman, fue el final que nos acompañó mientras Carlos me explicaba sobre un mapa de Colombia la situación de las guerrillas y las zonas de desarrollo histórico de Colombia.

Ya en Bogotá de regreso, no quiso pasar sin matar mi curiosidad por la “leche asada” que aquí le llaman a un pudin muy suave con sabor a “quesada suave”. Una tarde inolvidable con un hombre extraordinario en un marco ambiental de ensueño de aquellos rincones de la bella Colombia.

Referencias:

[1] http://impreso.elnuevodiario.com.ni/2005/10/01/suplemento/nuevoamanecer/361

[2] Zipacón es el territorio del altiplano cundiboyacense en donde se han encontrado las evidencias más antiguas de agricultura y alfarería, que datan del año 1270 a. C.