China Siglo XXI (I)

MIS IMPRESIONES SOBRE EL LIBRO

“LA CHINA DEL SIGLO XXI”

de Marcelo Muñoz

Imprime COYVE, S.A. – Deposito legal: M. 36.284-2018

SINOPSIS

En “La China del Siglo XXI” es el nuevo libro de Marcelo Muñoz, Presidente de Cátedra China. Muñoz llegó a China en 1978 para establecer la primera empresa española, Consultora comercial, lo que le convierte en el decano de los empresarios españoles en China.

En esta nueva obra el autor pretende transmitir su visión de China, ya emergida y potencia mundial, y de algunas de las sorpresas que nos depara su galopante desarrollo. Y también investigar algunos de sus fundamentos: el peso de la población china, la transformación del comunismo, el “socialismo de características chinas”, la educación, la investigación, la economía digital…

Y afrontar algunos de sus retos: el cambio climático, la comunicación cuántica, la inteligencia artificial, el poder global, el multilateralismo. Y las cuestiones de fondo: ¿existe un modelo chino económico?, ¿o político?, ¿o China es un contra modelo?, ¿o una amenaza? ¿Anuncia China el fin del poder occidental o una nueva forma de globalización?

Este libro se enmarca en la celebración de los 40 años de relaciones con China de Marcelo Muñoz.

Muñoz, Marcelo, La China del siglo XXI, Coyve SA, Madrid, 193 pp.

MIS IMPRESIONES (I)

Todo lo que aparezca sobre la China actual, es de mi interés desde hace años, por la pujanza y crecimiento de ese gigante mundial. Con una superficie de 9.596.960 km², China es el tercer país más extenso del planeta detrás de Rusia y Canadá y, desde 1978, China ha sido la economía de más rápido crecimiento del mundo, llegando en 2014 a la primacía mundial en términos del PIB medido en función de poder adquisitivo y siendo la segunda potencia del PIB nominal. Es, además, el mayor exportador e importador de bienes y la primera potencia mundial industrial.

Lamento no haber asistido a un Simposium de Fire Science que fui invitado en Shangai en 2009 cuando aún era Director del Grupo I+D+i GIDAI de la UC, que me hubiera permitido tener una dimensión de ese país que hoy no tengo, y que trato de suplir leyendo todo lo que cae en mis manos con el único fin de poder tener una idea y tratar de entender el complejo mundo de ese país de cultura milenaria, hoy primera potencia mundial en muchos campos de la ciencia y la técnica.

Leer, o mejor dicho “estudiar” este pequeño/gran libro “La China del Siglo XXI”, me ha permitido aumentar mis conocimientos en diferentes campos, coincidentes con las Partes en que el autor ha dividido el texto: Preparando el siglo XXI; China en la globalización; China hacia la gobernanza global; Ante los desafíos del siglo XXI y España y China. Tratare de dejar algunas pinceladas coincidentes con mis subrayados en esta MIS IMPRESIONES, que ayuden a otros interesados a estudiar a China que de seguro será en poco tiempo la primera potencia mundial en muchos más campos de los que ya es ahora.

Preparando el siglo XXI

China fue siempre el país más poblado del mundo. Por ejemplo, cita el autor:

  • En el siglo IV a.n.e. China tiene una población de 20 millones cuando Europa tiene poco más de dos millones.
  • En 1600, 165 millones; más del doble de Europa.
  • En 1840 más de 400 millones, (en Europa, según diversas fuentes, algo más de 200), con tal prosperidad que China, en esa época, sigue siendo la primera potencia económica mundial, con más del 30% del PIB mundial.
  • En 1949 con una población de 500 millones, cuando Mao afirmó: “China se ha puesto de pie” y de 950 millones cuando se inicia la Reforma de 1978: ¡la población se ha duplicado en 30 años!

Hoy, con sus 1.380 millones, casi el 20% de la población mundial, gobernada por un solo gobierno, organizada en circunscripciones provinciales o municipales mayores que muchos de los países del mundo.

La población de China equivale hoy a algo más que toda la población de África, con sus 54 países (1.216 millones). O la población de toda America – Norte, Centro y Sur – (996 millones) + Indonesia (260 millones) + Rusia (144 millones): un total de 1.400 millones.

Lo sorprendente, y según datos del Banco Mundial, entre 1978 y 2018:

  • Han salido de la pobreza más de 700 millones de personas
  • China ha pasado de ser la potencia mundial 120ª a la 2ª
  • Su PIB ha pasado de 149.500 millones de dólares en 1978 a 12,52 billones en 2017; se ha multiplicado por 80.
  • La renta per cápita ha pasado de 200 dólares en 1978 a 8.123 dólares en 2017: se ha multiplicado por 40.
  • El 96% de la población esta alfabetizada.

Y además, precisa el autor:

  • Se han construidos 5 millones de kilómetros de carreteras, autopistas y autovías.
  • Se han edificado 190 millones de viviendas
  • Se han construidos 2000 presas.
  • El 40% de los jóvenes accede, en el Curso 2017-2018 a la Universidad.

A China en 1978, se le consideraba un país campesino. Y así fue durante siglos. Pero evidentemente, ya no lo es. La población urbana en 1978 era de 171 millones, pero en 2016, de 793 millones. Es el mayor proceso de urbanización de la historia: ha crecido tanto el porcentaje de población urbana, como la de Europa en varios siglos. La población urbana china paso de tan solo 20% de la población total, en los finales de los setenta, al 57,35% en 2016. Un proceso de urbanización gigante y acelerado, que en un periodo tan corto más de 400 millones de personas han migrado del campo a la ciudad.

En 2016 hay en China:

  • 22 ciudades con más de 5 millones de habitantes
  • 25 ciudades con más de 2 millones de habitantes
  • 125 ciudades con más de 1 millón de habitantes.

Al ritmo actual, en 2030, la población urbana se acercará al 70% de la población total; superior a la población conjunta de la Union Europea, Estados Unidos y Japón.

Desde luego que esta urbanización acelerada, plantea muchos interrogantes y medidas urgentes de crecimiento sostenible, que no sé hasta qué punto se han cumplido. Y por otro lado, según el Ministerio de Asuntos Sociales, según el autor, en 2016, China tenía 231 millones de personas mayores de 60 años, 16,7% del total; con un crecimiento de 10 millones/año, lo que significa que a ese ritmo en 2035 serán 400 millones y en 2050 de 495 millones.

De la misma forma la población activa en China era de 776 millones en 2016, más que UE, Rusia y Europa del Este y sin embargo el desempleo urbano es del 3,95%.

La brecha salarial o la paridad de la mujer en el mundo socioeconómico es uno de los lados débiles chino, que deben mejorar. La participación de la mujer llega casi al 50% en puestos de responsabilidad científica y de investigación, pero la desigualdad a nivel político es dramática, pues sólo dos mujeres forman parte del Politburó, de los 25 miembros, ninguna en el Comité Permanente y en el Comité Central no llegan al 10%.

De igual manera, la desigualdad social y económica es un gran reto. La pobreza ha disminuido drásticamente: en 1999 afectaba al 10% de la población; en 2017 afectaba al 3,3% y en 2025 la bolsa de pobreza habrá desaparecido. China en 2050 será una sociedad de clase media con poder adquisitivo medio de sus habitantes similar al de Estados Unidos y Corea del Sur, según The Economist – Intelligence Unit 2017 -.

China hoy no es un país comunista, ni en lo político ni en lo económico, aunque este dirigido y gobernado por el Partido Comunista Chino, que ostenta el monopolio del poder político, sentencia el autor.

El “socialismo de características chinas” de Deng Xiaoping se impuso a partir de la muerte de Mao, impulsando lo que ha llamado “la mayor revolución económica de la historia.

En el epígrafe “El nuevo capitalismo chino”, el autor analiza puntos fundamentales de los retos y logros del modelo chino, que destaco, según mis subrayados, y son:

  • Un proceso de industrialización realizado en 40 años similar al que Europa realizó en 300 años
  • El proceso se puede sintetizar, simplificando, en estas cifras: en 1978 la industria y los servicios eran cien por cien de titularidad estatal o publica, totalmente centralizados, en 2017, el 71% del PIB – algo menos que en Francia – procede de empresas privadas, ochocientas mil de ellas con capital extranjero.
  • Lo que Deng Xiaoping denominó: “una economía socialista de mercado”.
  • La privatización de empresas, acelerada entre 1990 y 2001, provocó cincuenta y tres millones de despidos, sin apenas subsidios de desempleo, creando un grave problema social, acrecentado por la emigración masiva del campo a la ciudad: más de diez millones de migrantes por año.

A partir de 1990 se aprobaron miles de leyes relacionadas con el derecho mercantil, la propiedad privada y la economía de mercado, remarca el autor y precisa:

  • La clase media paso de un millón de personas en 1990, a más de 400 millones en 2016.
  • China creció de 1978 a 2007, una media de 9,9% anual, y de 2007 a 2016 un 7,2% mientras las economías occidentales crecieron un 2,8% y un 0,9% respectivamente.
  • La renta per cápita paso de 200 dólares en 1978 a 8.583, en 2016, según el Banco Mundial.

La coincidencia de la reforma con el proceso de globalización y de crecimiento del comercio exterior ha beneficiado a China con más de 900.000 millones de euros de inversión extranjera, y gran transferencia de tecnología y gestión y convertido a China en la mayor reserva mundial de divisas…

Este desarrollo tan “eficaz” no ha podido eliminar, sin embargo, graves errores, deficiencias y limitaciones entre las que destacamos:

  • China ha pasado de ser uno de los países más igualitarios a tener una diferencia entre pobres y ricos similar a Estados Unidos.
  • Se ha descuidado durante decenios el medio ambiente, que solo se podrá recuperar con gran esfuerzo de inversión e investigación, a medio plazo.
  • Se han atendido muy deficientemente los servicios públicos.
  • Lam emigración masiva a la ciudad ha situado a gran parte de los migrantes en situación de precariedad laboral y de servicios sociales.
  • Se ha acelerado el crecimiento de la población urbana, el gigantismo de las ciudades, junto a su contaminación y deterioro medioambiental.
  • El crecimiento económico vertiginoso ha generado una corrupción generalizada, que motivó los sucesos de Tienanmen en 1989, que ha obligado a los sucesivos gobiernos a campañas contra ella, sin alcanzar su erradicación, a pesar de las sanciones y expulsiones del Partido cada año.

En la actualidad se mantiene el principio desde Dengnuestro objetivo no son las próximas elecciones sino las próximas generaciones”, como clave del buen gobierno, en otros muchos grandes proyectos – macroproyectos – que trascienden cualquier legislatura, como:

  • Trasvase gigantesco de agua del Sur al Norte con dos grandes canales de 1.000 kilómetros cada uno, ya inaugurados, y un tercer Canal, algo más largo, desde el Himalaya, ¡que se inaugurara en 2050!
  • El Proyecto “Made in China 2025”, cuyo objetivo es hacer de China una referencia mundial en todas las tecnologías punta a mitad del siglo XXI.
  • El macroproyecto de la Nueva Ruta de la Seda, de conectividad global de comunicaciones, tecnología y cultura entre los cinco continentes, cuya primera etapa concluirá en 2049.

Por otro lado, la doble transformación de China, de economía centralizada a economía de mercado, y del subdesarrollo a una sociedad acomodada no es fruto de la casualidad, ni de la genialidad de un líder, ni de la improvisación.

El cerebro: en China existen grandes Centros de Pensamiento o Think Tanks, a nivel central, provincial y local.  De todos esos “cerebros” o think tanks, el autor destaca dos:

  • La Escuela Central del Partido, donde se forman y reciclan periódicamente todos los grandes dirigentes con sucursales en todas las provincias.
  • La Academia de Ciencias Sociales de China, con once sucursales, 100 institutos, dos universidades cuatro centros de documentación e información, tres centros de tecnología y dos unidades de publicaciones.

Considerar al socialismo chino un modelo económico especifico no es muy aceptado por Occidente, no es homologado con la economía de mercado occidental. Muchos economistas chinos, dice el autor, si consideran que conforma un modelo económico especifico, con una argumentación propia de su mentalidad pragmática, como lo expreso Deng Xiao Ping, en 1961, en una reunión del Comité Central del Partido Comunista Chino: “será un modelo económico aquel que consiga resultados que mejoren la realidad económica para beneficio de la mayoría… aunque no sea un modelo perfecto, “si caza ratones”, es un modelo practico”.

Un modelo que se aproxime al Estado de bienestar, más al europeo que al americano, en cuanto garantice los derechos sociales y una progresiva igualdad, que liberalice progresivamente la economía, manteniendo un Estado fuerte, con capacidad legislativa y efectiva de regular la actividad económica con organismos adecuados.

En el acápite de “La educación y el conocimiento”, el autor recorre unos hitos desde la “gran guerra civil de 1927 a 1949”, en la que Mao tomó el poder del país más pobre del mundo, casi exclusivamente agrícola y con una agricultura rudimentaria, sin infraestructuras, sin industria, con una estructura educativa raquítica.

El análisis de Deng, cuando en 1978, inicio la Reforma económica, fue muy claro, precisa el autor:

  • Primero. No podemos volver a caer en el error histórico de abandonar los avances tecnológicos: las potencias occidentales nos dominaron a mitad del XIX, gracias a la pólvora, que nosotros habíamos inventado.
  • Segundo. El extremismo de la revolución cultural “saboteo la ciencia, y produjo años de retraso […] que han convertido a una generación entera en minusválidos mentales”.
  • Tercero. La Reforma debe dar prioridad la educación, la ciencia, y el desarrollo tecnológico, o, según la expresión de Zhou Enlai, la modernización de la agricultura, la industria, la tecnología y el ejército.

Según el BM, el sistema educativo chino ha llegado, desde la situación precaria predominante en 1978, a una situación avanzada en 2017, resumida en estos datos, precisa el autor:

  • La tasa de alfabetización adulta es del 96%
  • La educación preescolar, de 3 a 6 años llega al 40,75%
  • La educación primaria (7-12 años) llega al 98,95%
  • La educación secundaria básica (de 12 a 14 años) al 94,10%
  • La secundaria superior (15 a 17 años) llega al 47,6%
  • La educación universitaria en el curso 2017-2018, ha llegado a la Universidad el 40% de los jóvenes

Además, el aprendizaje de idiomas, mayoritariamente el inglés, es obligatorio desde los 9 años y todos los universitarios han de superar la pruebas de su segundo idioma para obtener el título universitario.

  • En el año 2002 había en China 1.396 centros docentes superiores.
  • En 2015, 2.852

Haciendo el cálculo, se creó más de una nueva Universidad por semana.

En cuanto al número de estudiantes universitarios:

  • En 1978 eran 867.000 los estudiantes universitarios (1,5% de la población de 18 a 22 años).
  • EN 2017 superan los 38 millones (el 40%, de 18 a 22 años)

Otros datos:

El gasto por universitario y año es de 4.550 dólares, un presupuesto bajo en términos absolutos, aunque, en proporción al PIB por habitante, es uno de los más altos; un 76% en China, frente a un 64% en Estados Unidos, un 41%, como media en los países de la OCDE.

El gasto público en educación en 2015 fue en China del 4,22% del PIB, en Reino Unido: 5,8%; en Estados Unidos, 5,38%; y en Japón 3,59%.

Según últimos planes del Gobierno, el plan “Made in China 2025” marca estos objetivos:

  • En 2025: China debe ser el centro global de innovación.
  • En 2050: China debe ser el líder global en ciencia y tecnología.

El sistema de exámenes u oposiciones a funcionarios en China se estableció en la dinastía Han, en el siglo II a.n.e., al principio del Imperio moderno, con el estudio obligado de textos clásicos, matemáticas, historia y la filosofía de Confucio para todos los funcionarios aspirantes a puestos en el Gobierno: todos debían ser personas ilustradas, pues la educación se consideraba imprescindible para el buen gobierno y signo de autoridad.

Las potencias occidentales copiaron en el siglo XVIII, dos mil años despues, este modelo de exámenes para acceder a la Administración: las oposiciones; pero no copiaron ese nivel de “ilustración” para acceder a puestos políticos o de gobierno.

Con una frase de Deng Xiaoping comienza el autor su epígrafe 5 “Investigación e Innovación”, que reproduzco, por su significado:

“Harán falta veinte años para eliminar su influencia (de los maoístas) […] pues han saboteado la ciencia, y, como consecuencia, llevamos […] años de retraso […], han convertido a una generación entera en minusválidos intelectuales”.

China en los primeros años de la Reforma, incrementó a ritmo acelerado su comercio exterior, desde 38.000 millones en 1978 a más de tres billones

En 40 años más de 800,000 empresas con inversión extranjera se sumaron al progreso de China, con una inversión acumulada de casi un billón de dólares, y una ingente experiencia de gestión y notable transferencia de tecnología.

Muchos en Occidente, dice el autor, han criticado esa actitud de “copia”. Mas bien ha sido una estrategia de crecimiento: los avances, según Deng Xiaoping, son patrimonio común, que todos aprovechamos; lo mismo que Occidente copio, o se benefició, de la lista interminable de inventos chinos, desde la estructura de Estado moderno, al funcionariado, a la pólvora, a la imprenta… y sigue copiando, o aprovechando los nuevos avances chinos.

Desde 1978, junto al salto en educación, en China se ha acelerado la inversión pública en I+D+i.

La inversión en I+D+i se convirtió en objetivo prioritario:

En el apartado 6 “Meritocracia versus democracia liberal” el autor presenta una de las aristas más controvertidas de China.  Versiones y opiniones disimiles sobre la democracia representativa de occidente, y el sistema político chino muy diferente, lo cual puntualiza “dificulta mucho la comprensión, y mucho más, la aceptación de lo que está ocurriendo en China; y lleva, con frecuencia, a minusvalorar cuantiosos y enormes signos de progreso que se producen en la sociedad china: el hecho de que – no hay democracia liberal – parece invalidad cualquier otro dato positivo”.

En 1995 la inversión en I+D+i llego al 0,57%/PIB: 17.000 millones.

·         En 2009 alcanzó el 1,7% del PIB: 165.000 millones.

·         En 2012 igualo ya a la Union Europea con el 1,98%/PIB.

·         En 2015 China invirtió en I+D+i el 21% del total mundial, con 420.millones de dólares

·         En 2017 llegó al 2,2%/PIB: 420.000 millones de dólares; todavía detrás de Estados Unidos con 520.000 millones.

·         El objetivo propuesto por el actual Plan Quinquenal es llegar al 2,5% del PIB en 2020 y el 3% en 2030.

·         En 2016 China presentó 236.000 solicitudes de patentes, mas que el total de Estados Unidos + Japón + Corea + Union Europea, según la OMPI (Organización Mundial de la Propiedad Intelectual. Aunque en patentes efectivamente registradas, China esta por detrás de Estados Unidos, Union Europea, Japón y Corea.

  La “democracia de características chinas” se basa en el principio confuciano básico: el buen gobernante se legitima por su buen gobierno, por su capacidad de mantener armonía social y los valores colectivos más que los individuales.

·Todas las Dinastías cayeron cuando se mostraron incapaces del buen gobierno y de la estabilidad o armonía social frente a fuerzas internas o externas.

·Mao cayó cuando, con su política económica, provoco desastres sociales y rompió la armonía del Partido, como hemos visto.

·La única legitimidad valida en la filosofía confuciana procede del acierto en el ejercicio del poder, de sus méritos, no de las urnas; es la “meritocracia”.

Kissinger en su libro China (Ed. Debate, 2012) afirma: “A China hay que aceptarla tal como es”. Samuel P. Huntington en El choque de civilizaciones, dice: “La creencia occidental de que todo el mundo debe alcanzar los valores institucionales y culturales de occidentales, por ser los más elevados, más modernos, más racionales y civilizados del género humano […] es una tesis falsa, inmoral y peligrosa […] Occidente intenta mantener su preeminencia y sus intereses como si fueran los de toda la Humanidad”[…] “la principal responsabilidad de los líderes occidentales no es intentar remodelar a otras civilizaciones a imagen de Occidente […] sino preservar, proteger y renovar las cualidades propias de la civilización occidental […]”. Quizás los valores institucionales y culturales occidentales no sean “los más elevados, más modernos, más racionales y civilizados del género humano”. China reivindica su propio camino para elegir la forma de democracia más adecuada a su idiosincrasia y al ritmo adecuado para su transformación social. Es una frase, dice el autor, que me han repetido con frecuencia intelectuales chinos amigos: “democracia sí, pero a nuestra manera, a nuestro ritmo y sin injerencias”.

CONTINUARÁ….