Antes las mujeres…

ANTES LAS MUJERES… historias

A veces nos olvidamos de la dura vida de nuestras mujeres, del campo o de las pequeñas aldeas.

Historia 1

LA AURORA ENTRE SURCOS: historia de una mujer campesina del siglo XIX

El sol apenas rasgaba el horizonte cuando Manuela ya se encontraba en pie. La aurora teñía de un tenue rosa las vastas llanuras de Castilla, escenario donde se desarrollaba la vida de esta mujer campesina del siglo XIX. Sus manos, ásperas por el trabajo y curtidas por el sol, se aferraban con fuerza a la azada, herramienta inseparable de su existencia.

Manuela era una mujer fuerte, de mirada penetrante y sonrisa curtida por la vida. Su rostro, surcado por las arrugas que labraban el tiempo y, reflejaba la sabiduría y la tenacidad de quien había vivido una vida marcada por la dureza del trabajo rural.

Su jornada comenzaba antes del alba, atendiendo a las necesidades del hogar: alimentar las gallinas, ordeñar la vaca y preparar el frugal desayuno para su familia. Una vez concluidas las tareas domésticas, se dirigía al campo, donde la esperaba la tierra, ávida de ser trabajada.

Junto a su marido, Pedro, y sus dos hijos pequeños, Manuela se afanaba en la siembra y la cosecha. La tierra era su sustento, su fuente de vida. Sembraban trigo, cebada y hortalizas, trabajando bajo el sol abrasador del verano y el frío penetrante del invierno.

Las jornadas eran largas y extenuantes. No había tiempo para el ocio ni la distracción. La vida en el campo era una lucha constante por la supervivencia. Sin embargo, Manuela encontraba la fuerza para seguir adelante, en el amor a su familia y en la satisfacción de trabajar la tierra.

En las noches al calor del hogar, Manuela tejía y cosía, elaborando la ropa para su familia y remendando las herramientas desgastadas por el trabajo. Era una mujer habilidosa y creativa, capaz de sacar provecho de los escasos recursos que tenía a su disposición.

Las fiestas patronales eran un oasis de alegría en la monotonía del trabajo. Manuela disfrutaba bailando, al son de la música tradicional y degustando las especialidades culinarias de la región. Era una ocasión para reunirse con familiares y amigos, compartir experiencias y celebrar la vida.

La vida de Manuela no era fácil, pero estaba llena de significado. Era una mujer fuerte, resiliente y luchadora, un ejemplo de la tenacidad y el espíritu de sacrificio de las mujeres campesinas del siglo XIX. Su historia es un homenaje a todas aquellas mujeres que, con su trabajo y esfuerzo, contribuyeron al desarrollo de las comunidades rurales y al sostenimiento de sus familias.

Historia 2

ROSA, LA FLOR QUE LUCHA CONTRA LA MAREA: historia de una mujer gallega.

El alba apenas despuntaba sobre las Rías Baixas cuando Rosa ya se encontraba en pie. Su mirada, aún nublada por el sueño, se posaba sobre la pequeña aldea costera, donde había nacido y crecido. Un suspiro se escapaba de sus labios mientras se preparaba para la batalla diaria: la lucha contra la marea de trabajo que la esperaba en la fábrica.

Rosa era una mujer joven, de rostro curtido por el sol y las olas y, manos fuertes como las rocas que bordeaban la costa. Su pelo castaño, recogido en una trenza apretada, enmarcaba una sonrisa que, aunque a menudo se teñía de cansancio, jamás se apagaba por completo.

Cada mañana, al alba, Rosa emprendía el camino hacia la fábrica de conservas, ubicada en el corazón del pueblo. Allí, junto a otras mujeres de la aldea, se convertía en un engranaje más de la maquinaria industrial, que procesaba las anchoas y las demás riquezas del Atlántico.

Las jornadas en la fábrica eran largas y extenuantes. El frío del mar se colaba entre las paredes, impregnando el aire de un olor salino que se mezclaba con el del pescado. Los dedos de Rosa, ágiles y precisos se movían sin descanso, limpiando, fileteando y envasando las anchoas bajo la atenta mirada del capataz.

A pesar de la dureza del trabajo, Rosa encontraba la fuerza para seguir adelante, en unión con sus compañeras. Compartían risas, canciones y confidencias, creando una pequeña isla de camaradería en medio del mar de trabajo.

Al final de la jornada, regresaba a casa con el cuerpo exhausto, pero con la satisfacción del deber cumplido. Su mirada se posaba entonces en el horizonte marino, donde las olas se mecían con un ritmo pausado, como un reflejo de su propia vida.

Rosa era una flor que luchaba contra la marea. Una mujer fuerte, resiliente y luchadora, un ejemplo de la tenacidad y el espíritu de sacrificio de las mujeres gallegas. Su historia es un homenaje a todas aquellas que, con su trabajo y esfuerzo, sostienen a sus familias y comunidades.

JACA – Santander, 8 de marzo de 2024